Carta abierta a las Academias Nacionales

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedInShare on Google+Print this pageEmail this to someoneDigg thisPin on PinterestShare on TumblrShare on StumbleUpon

José Álvarez-Cornett
(@chegoyo en Twitter)
CARACAS (Chegoyo.com)
08/Abril/2015

 

Academia carta abierta

Declarar que nuestro entorno es complejo
no resulta ya para nada innovador.
Lo mismo ocurre cuando se señala que todo
está profundamente conectado de forma sistémica.
O al manifestar que los procesos son dinámicos,
que los cambios son no-lineales y que son sensibles
a las condiciones iniciales del locus de atención.
Pero no por trillados han perdido vigencia
o se han desvanecido.
Muy por el contrario,
son descriptores cotidianos y argumentos
que resurgen cada vez que los problemas estallan
y su manejo resulta imposible.
Son clara demostración
de lo mucho que nos falta por progresar,
del largo camino aún por andar.
Sara Levy-Carciente, Economista
Sillón No. 10, ANCE

Academia Nacional de Historia
Academia Venezolana de la Lengua
Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat
Academia Nacional de Medicina
Academia Nacional de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales
Academia Nacional de Ciencias Económicas de Venezuela
Academia de Ciencias Políticas y Sociales

 

Apreciados Académicos miembros de las Academias Nacionales:

Escribo como un ciudadano preocupado por el desempeño de la ciencia venezolana, la situación de nuestro planeta Tierra y, en particular, por la situación ambiental y el desarrollo sustentable de Venezuela y por la contribución del país al calentamiento global (Venezuela se encuentra entre los 20 países con la mayor huella de carbono por habitante del planeta).

En mi participación en varios foros relacionados con el cambio climático y la sustentabilidad he podido observar que existen muchas personas y organizaciones que están trabajando en temas relacionados con el cambio climático y la sustentabilidad. Pero también he notado que hace falta una mayor colaboración e integración entre los diferentes grupos que existen en el país. Por otra parte, en Venezuela, no hemos logrado tener una visión –colectiva y compartida– sobre cuál debe ser el desarrollo sostenible del país considerando los nuevos desarrollos tecnológicos, como la robótica y la nanotecnología, y las nuevas tendencias como las del diseño de ciudades, industrias y, en general, sociedades de alta eficiencia energética y de bajo carbono. En consecuencia, pienso que nos hace falta concebir un proyecto nacional que vincule los esfuerzos y las voluntades de las personas, entidades y organizaciones que hoy en día están interesadas en estos temas y que atraiga la participación de otras personas y organizaciones.

El motivo de esta misiva digital es entonces proponerle a las Academias una idea para un proyecto, con visión futurista, que bien pudiéramos llamar Sustentabilidad Venezuela 2100 (SV2100) y el cual podría ser formalmente presentado y coordinado por las Academias arriba mencionadas. En este texto solo hago un esbozo de la idea central ya que definir los detalles de este proyecto es, en realidad, una tarea para un equipo pluridisciplinario y no para un solo individuo. La idea consiste en crear un mecanismo participativo, a diferentes niveles (nacional, regional, y local), para colectivamente crear una visión medible de la Venezuela Sustentable (notar el énfasis en que la visión debe tener un contenido mensurable).

La tarea no es fácil. Permítanme, sin embargo, sugerir aquí una forma, en tres fases, sobre cómo se pudiera empezar en caso de que las Academias juzguen esta idea pertinente:

(1) Se realiza un inventario de todos los grupos – en las ciencias naturales, las ingenierías, y las ciencias sociales– que hacen docencia, investigación y divulgación en ambiente, cambio climático y desarrollo sustentable, y, también, se hace un inventario de las organizaciones no gubernamentales (ONG) que estén activas en estos temas.

(2) Contactar a las personas y organizaciones en el inventario para crear un grupo de trabajo que explore cual podría ser el mejor mecanismo de participación para lograr en primera instancia dos objetivos concretos:
  • (2a) Crear una infografía o mapa interactivo (montado en una página web) sobre la situación ambiental de la nación y mostrando la contribución de Venezuela al cambio climático.
  • (2b) Esbozar una posible hoja de ruta para el desarrollo sostenible de Venezuela.
  • (2c) Divulgar los resultados obtenidos en diferentes formatos tales como ensayos, libros, videos, e infografías.

(3) El esfuerzo y la curva de aprendizaje requerida para poder producir los objetivos 2a y 2b creará la experiencia y sinergia necesaria y preparará a los grupos que participen para abordar el tema más grande como es la creación de una visión de la Venezuela sustentable – con variables medibles – a nivel nacional, regional, y local.

(4) Obtenida la visión queda el arduo trabajo de hacer que la visión lograda sobre la Venezuela sustentable pase a la agenda política. Aunque, es claro que los políticos deben participar en la tercera fase para facilitar que la visión sea asumida por la clase política.

Financiamiento del proyecto

Queda el difícil problema financiero. Internacionalmente, existen muchas oportunidades de financiamiento para proyectos relacionados con la sustentabilidad y el desarrollo sostenible. Ahora bien, Venezuela tiene una gran desventaja con respecto a otros países en desarrollo ya que el país está considerado como un país rico en la clasificación que hace la Organización de Naciones Unidas y el Banco Mundial por lo que Venezuela no aparece en las categorías A y B  y, por ello, no es posible que organizaciones e instituciones venezolanas de manera individual puedan proponer proyectos y acceder a estos fondos.

Ahora bien, las Academias son representantes de la nación venezolana (de su ciencia, ingeniería, medicina, lengua, historia, economía y política), y  actuando todas en conjunto, y dada su seriedad y prestigio, podrían existosamente iniciar una campaña internacional para conseguir financiamiento.

Si bien es cierto que una campaña “diplomática” internacional por parte de la Academia no va lograr hacer que el nombre de Venezuela sea incluido en las listas de países elegibles, si creo posible que una campaña internacional, dirigida por una entidad de prestigio como las Academias, pueda lograr que se consigan recursos para esta idea de algunos países como Alemania, Canadá y su departamento de desarrollo, y los países escandinavos, entre otros. También, creo que se podrían obtener recursos de los organismos de la banca internacional como la Corporación Andina de Fomento, y el Banco Interamericano de Desarrollo. Otro lugar donde tocar puertas son las fundaciones privadas alemanas, algunas de las cuales, como la Fundación Konrad Adenauer y la Fundación Friedrich Ebert, ya están en Venezuela y pudieran servir de enlace con otras organizaciones y entes gubernamentales en Alemania. El mensaje que quiero transmitir es que las Academias, actuando juntas, pueden lograr conseguir recursos internacionales para este proyecto.

El papel de las Academias

Por otra parte, pienso que las Academias han hecho un trabajo importante al reunir, mediante la coordinación del Comité Inter-académico– el consejo que reúne a los Presidentes de todas las Academias Nacionales– varios análisis sobre nuestra sociedad los cuales han sido publicados en los libros “Propuestas a la Nación” (2011)– ver la sección sobre el desarrollo sostenible del país realizada por los académicos de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat–, “Reflexiones y Propuestas para la Educación Universitaria” (2012) y “Reflexiones y Propuestas en Materia de Energía” (2013). Estas publicaciones son importantes y creo que las propuestas presentadas merece tener una mayor difusión y ser discutidas en todo el país, en foros y conversatorios, y, en la Web, en los medios digitales y las redes sociales.

Estoy consciente que lo que estoy proponiendo va mucho más allá del papel que hasta ahora han jugado las Academias en la sociedad venezolana, pero estamos en tiempos muy difíciles para la nación venezolana y a todos nos hace falta innovar y ser más creativos para poder sacar el país adelante.

Hace poco, Ramón Peña finalizaba su artículo de opinión con estas palabras: “Hacia el futuro, para el rescate: ¿Qué valores éticos, culturales y políticos ofrece sembrar la alternativa democrática y, sobre todo, cómo alcanzarlos?”

Quien escribe piensa que la sustentabilidad es un concepto abarcador (que se puede hacer medible) que puede servir para unir al país entorno a una idea concreta: la construcción de los Valores de la Venezuela Sustentable, la creación de los planes necesarios para lograr alcanzar estos valores y el seguimiento ciudadano de la ejecución de los planes. Entonces, la sociedad venezolana estará en capacidad de justamente evaluar la ejecución de los políticos y de las políticas públicas en función de si se alcanzaron o no la metas del desarrollo sustentable en cada estado y en cada municipio, gobernación por gobernación, ciudad por ciudad, y alcaldía por alcaldía. El rescate de Venezuela entonces habrá comenzado.

Inteligencia colectiva: Una historia

Deseo terminar esta carta contándoles una historia del mundo de la complejidad y los sistemas dinámicos. Loren Carpenter es un reconocido computista gráfico especializado en animación por computadora. Él fue la persona que acuñó el nombre Pixar. En 1991, en Las Vegas, en la conferencia de computación gráfica, SIGGRAPH 91, ante un auditorio con 5.000 personas – según lo relata Kevin Kelly en Out of Control (Capítulo 2, página 11) – Loren Carpenter realizó varios experimentos con los asistentes. Primero, usando el videojuego Pong (similar al juego de tenis de mesa) y, luego, con un simulador de vuelo.

Al inicio, cada espectador recibió un cartón, especie de bastón de mando (wand), con dos caras (una verde y la otra roja). Atrás de la sala había un dispositivo lector que registraba cuando el espectador presentaba hacia adelante la cara roja o verde del cartón, mientras que al frente los asistentes podían ver una pantalla gigante –formada con muchos monitores– la cual, inicialmente, solo mostraba un registro o mapa de la muchedumbre: lucía la pantalla como un mar de bastones danzantes, como velas portadas por bailarines en una procesión nocturna.

El sistema estaba diseñado de forma que responde a las decisiones promedio del enjambre de 5.000 personas. Nadie le informó a la audiencia que era lo que debían hacer. En algún momento, alguien se dio cuenta primero que al mover su cartón de mando se podía ubicar en la pantalla (los pixeles de la pantalla cambian de color de rojo a verde y viceversa). Una vez hecho este descubrimiento, la información se difundió por toda la sala. Entonces, al voltear cada quien el cartón, la acción colectiva resultante podía cambiar el color de la pantalla.

Seguidamente, en la pantalla se proyectó el juego de Pong: un punto blanco que puede rebotar dentro de un cuadrado y, como en todo juego de tenis de mesa, tiene dos lados (derecho e izquierdo) con un rectángulo –que hace la función de una raqueta – que se puede mover hacia arriba o hacia abajo (rojo mueve hacia arriba; verde hacia abajo). Por el parlante, una voz le indicó a la audiencia que los que estaban a la izquierda controlaban el lado izquierdo de la mesa virtual y los que estaban en el lado derecho controlaban ese lado. Cada cartón es un voto. Y si alguna persona dudaba si estaba a la izquierda o la derecha, pero creía que estaba a la izquierda (o derecha) era porque estaba.

La raqueta virtual se podía mover hacia arriba o hacia abajo dependiendo de la intención promedio de la audiencia. Al poco tiempo, toda la audiencia jugaba ping-pong con extrema facilidad, y cuando desde la consola central se aumentó la velocidad del juego varias veces, la audiencia respondió al reto casi instantáneamente, y el juego continuó a una mayor velocidad. ¡Es fascinante! Aquí abajo se puede ver el video del experimento (por cierto, la experiencia fue recreada hace poco para un programa de la BBC).

Después de la proyección de otro juego con círculos y números, y con la audiencia ya familiarizada con el mecanismo de interacción, a continuación, se proyectó en la pantalla un juego con un simulador de vuelo que mostraba a un avión al que se le podía mover su nariz arriba/abajo (en la jerga de aviación a esto se le llama cabeceo, en inglés pitch) y sus alas arriba/abajo (alabeo, en inglés roll). Una voz, le indicó a la audiencia que los de la izquierda controlan el alabeo y los ubicados a la derecha el cabeceo. Luego de un período de silencio, con la audiencia estudiando los controles y observando el escenario que mostraba al avión volado entre valles y colinas rosadas, y al fondo presentaba una pista de aterrizaje.

El público, entonces comenzó a vocear los dos valores posibles (Rojo, Rojo, Rojo; Verde, Verde, Verde; más Roooojo; no Veeeeeeeerde). Luego de un período caótico, con el avión moviéndose erráticamente, varios intentos fallidos de aterrizaje, de dar la vuelta para intentar aterrizar de nuevo (¿quién ordenó dar la vuelta?), la audiencia como un colectivo logró aterrizar el avión. La ovación final fue estruendosa. La audiencia experimentó el poder de la emergencia de los sistemas complejos resultante de la interacción de agentes autónomos, distribuidos, descentralizados, y con pocas opciones (rojo/verde; arriba/abajo).

Pero la vida como Uds. lo saben es un poco más compleja que estos sencillos video juegos como bien lo pudo comprobar el propio Carpenter cinco años más tarde. En otra conferencia SIGGRAPH, ante un auditorio similar, Loren Carpenter – según recuenta Kevin Kelly en New Rules for the New Economy (pág. 17) – se presentó con un juego mucho más complejo: un mundo marino 3D con un submarino que debe capturar los huevos de un monstruo marino.

Ahora la audiencia tenía más grados de libertad, es decir, tenía más opciones: ir hacia abajo/arriba, de frente o retroceso, abrir garras, cerrar garras, etc. Cuando la audiencia tomó el control del submarino no pasó nada. Cada quien en la audiencia movió los controles a su disposición pero no pasaba nada. El comando que cada persona emitía era anulado por el comando de la otra persona y el submarino no se movía.

Entonces, desde la cabina, por medio de un parlante, Loren Carpenter sugirió: ¿Por qué todos no se mueven hacia la derecha? Y de inmediato el submarino se desplazó a la derecha, y, con una coordinación espontánea emergente, la audiencia pudo igualmente, y sin ninguna otra guía, llevar el submarino hacia el monstruo y sus huevos.

Kevin Kelly, añade, que la voz de Loren Carpenter era la voz del liderazgo. Un mensaje corto, de tan solo un poco bits de información, pero lo suficiente como para hacer que 5.000 novatos capitanes de submarino lograran el cometido.

Es decir, Loren Carpenter destrabó la parálisis del enjambre al presentar una visión de hacia donde ir, y, luego, permitió que los agentes autónomos y libres se relacionaran mediante un mecanismo que permitía la interacción.

La moraleja de esta historia es que pequeños elementos conectados en red generan un gran poder. Pero, que cuando existen muchas opciones, el poder del enjambre necesita de una instrucción tenue que indique una dirección posible.

Con esta carta abierta le estoy pidiendo a las Academias de Venezuela que usen la suave voz de su liderazgo y que faciliten la creación de un sistema de interacción para crear la Venezuela sustentable y posible.

Un saludo cordial

JAC short corta firma signature

José Alvarez-Cornett

divider Page-Breaker

SOBRE EL AUTOR: José G. Álvarez Cornett ( @Chegoyo en Twitter )

Miembro de COENER, del grupo “Physics and Mathematics for Biomedical Consortium“, y de la American Physical Society (APS). Representante de los Egresados ante el Consejo de Escuela de Física, Facultad de Ciencias, UCV.

JAC-minibio-pic1

© Chegoyo 2015.

Filed in: Ensayos Tags: , , , , , ,

Leave a Reply

Submit Comment
© 5773 Chegoyo. All rights reserved. XHTML / CSS Valid.
Proudly designed by Theme Junkie.
css.php