Sísifo somos todos

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedInShare on Google+Print this pageEmail this to someoneDigg thisPin on PinterestShare on TumblrShare on StumbleUpon
535px-Tiziano_-_Sísifo

ENSAYO
José Álvarez Cornett
(@Chegoyo en Twitter)
CARACAS
28/Diciembre/2014

Una versión de este trabajo fue
originalmente publicada, el 16/03/2010,
en el portal infoCIUDANANO.com

Yo que solo soy un ciudadano, generalista por afición, no puedo sino recurrir, una vez más, a los especialistas de la historia, sociología y sicología para poder ayudarme a expresar la gran angustia que llevo por dentro.

No escribo para el futuro sino para el presente y para los presentes: para mis conciudadanos que hoy viven a mi alrededor en esta Tierra de Gracia, plena de talentos que son la mejor y mayor riqueza que tenemos los venezolanos — en el Siglo XXI, la riqueza petrolera es secundaria; la gente, el talento y la creatividad, es lo principal.

Sísifo: Un futuro angustioso

El futuro se construye en el presente y el futuro lo construimos entre todos. Las acciones que hoy tomamos o dejamos de tomar determinan en gran parte nuestro futuro. Hoy, por ejemplo, los venezolanos vivimos un futuro que se construyó ayer y con sus bases en el ayer. No me refiero al ayer cercano que se gestó en 1998 cuando millones de venezolanos fueron a la urnas con una vocación, a mi modo de ver, suicida. No. Me refiero a un pasado que incluye a ese ayer cercano y a un ayer todavía aún más lejano.

¿Que cuál es la angustia que llevo por dentro? No voy a negar aquí que este país ha hecho grandes progresos culturales y materiales, en gran parte debido a los recursos económicos provenientes del petróleo, las luces de unas pocas gentes ilustradas (escritores, artistas, músicos, médicos, empresarios —pocos, pero allí están, por ejemplo, Eugenio Mendoza, Ricardo Zuloaga, el grupo de venezolanos que diseñaron y crearon la Universidad Tecnológica del Centro—, científicos, economistas, ingenieros y arquitectos), y al sudor del pueblo. Lo que me preocupa es que la nación entera, los venezolanos todos, vivimos los tormentos de Sísifo sin percatarnos de nuestra terrible condición.

En la mitología griega, Sísifo fue el fundador y rey de Éfira (el nombre antiguo de la ciudad de Corinto), una ciudad antigua en el Peloponeso. Sísifo tuvo fama de ser el más astuto y vivo de los hombres pero, tan extraordinaria astucia, hizo enfadar a los dioses quienes lo enviaron al infierno en donde como castigo lo hicieron quedar ciego y lo forzaron a empujar una piedra gigante montaña arriba hasta la cima, pero, antes de que lograra alcanzar la cima de la montaña, la piedra siempre rodaba hacia abajo y Sísifo, entonces, debía recomenzar un nuevo ciclo empujando la piedra hacia arriba una vez más.

En esta metáfora del mito de Sísifo, aplicada a la realidad venezolana, Sísifo somos el gran colectivo venezolano, desconocedores de nuestra historia y, ésta es la razón de nuestra ceguera, no conocemos nuestro pasado, y vamos yendo hacia el futuro desmemoriados y desorientados repitiendo los errores del ayer.

¿Y la gran piedra? Ella representa el sueño del progreso y el conjunto de aspiraciones colectivas del siglo XIX —por supuesto, todavía incumplidas— de regularidad legal, probidad administrativa, libertad y cultura. En este símil, la montaña es la nación misma que no se queda quieta y se transforma, pero para , en esencia, producir similares resultados.

Preguntémonos: ¿Qué hemos construido juntos como nación?  ¿Hemos, esencialmente, progresado?

Interroguemos al pasado. ¡Veámoslo!

Habla el ayer

1878 Cecilio Acosta [tomado de Rafael Cartay, Fábrica de Ciudadanos, Bigott 2003, página 23] escribe una carta a Rufino L Cuervo, fechada en Caracas 15 de febrero de 1878, en donde describe con elocuentes palabras la situación para la época: “Da grima mirar cómo se le burla: se sanciona la ley para que quede escrita, la práctica otra; se levantan instituciones como se hacen los adornos de un baile solo para el recreo;[..]; se crean favores para los que baten palmas, y para los vencidos penas; se invocan los principios para aspiraciones propias, y la razón de Estado, que siempre ha de ser dura, para la humillación y los sufrimientos ajenos; y poniéndose calor activo de fermento para agitar la sociedad, y originándose de semejantes agitaciones luchas alternativas y de ellas recriminaciones y pérdidas frecuentes, se ven aparecer o conservarse partidos espantosos que no saben más que odiarse y excluirse los unos a los otros, para dejar en el escenario donde han representado su papel huellas de rapacidad, de enconos y de sangre, y para el progreso moral, el más importante de todos, una esperanza menos y una ruina más […]De resultas se vive de hoy para mañana; se hace para deshacer; se obra para destruir; se piensa para embaucar; se forman redes para prisiones, y emboscadas para sorpresas; el engaño es recurso, la mala fe viveza, la ruindad título, los bienes mal adquiridos poder, la desvergüenza credencial, el crimen hoja de servicios, la chocarrería gracia, la concusión negocio, el deshonor tráfico, el asesinato blazón….”

Otra imagen de Sísifo, cargando su roca en el Infierno, supervisado por Persefone. Ánfora de 540 aEC, exhibido en el museo de Historia Antigua de Munich.

1905¹ Hay una carta de César Zumeta a Cipiano Castro escrita, el 10 de febrero de 1905, desde la ciudad de Nueva York, ciudad en donde Zumeta se encontraba exilado. El contenido de esta carta, a pesar de que de ella nos separan casi 110 años, pareciera que fue escrita para nuestro siglo XXI:

<<Usted, ensoberbecido por el éxito, enloquecido por la perenne ultraservil adulación de su prensa, de su corte, de cuanto hay de venal y cuanto hay de cobarde en el país; muertos por el ejercicio de la dictadura militar todos su entusiastas propósitos patrióticos de 1899 y despiertos por la prolongada carnicería todos los instintos de su nativa rusticidad; libre ya de la influencia de los hombres de consejo y valía, que han reemplazado sujetos sin carácter, sin fe o sin seso; corrompido por los que le mantienen en Capua; desbocada la inconcebible audacia de su inconcebible ignorancia; usted, inconsciente, desatentada, fatal e irrevocablemente ha desecho la obra de cien años, ha despeñado a Venezuela de su cumbre de nación soberana a esta afrenta del coloniaje de que sólo su insensatez y la irredimible depravación de su pandilla de hombres nuevos son responsables ante el país y ante la historia.

(…..).

He ahí su obra.

(….).

<<Tu vulgaridad es tu mayor crimen. Es tanta que ni el genio del Libertador pudo presentirte. Antes de ser concebido defraudaste la profecía: como desde el vientre de la revolución engañaste al liberalismo; como desde tu cubil de Miraflores has engañado sucesivamente a las naciones civilizadas, a los venezolanos todos y a quien sigue siendo,

Cesar Zumeta>>.

Otra imagen de Sísifo, cargando su roca en el Infierno, supervisado por Persefone. Ánfora de 540 aEC, exhibido en el museo de Historia Antigua de Munich.

Otra imagen de Sísifo, cargando su roca en el Infierno, supervisado por Persefone. Ánfora de 540 aEC, exhibido en el museo de Historia Antigua de Munich.

1951 En Mensaje sin destino, Mario Briceño Iragorry escribe:  “Nosotros, lejos de perseguir fórmulas que nos pongan en el dominio de las fuerzas tradicionales, intentamos destruir de raíz el estilo de vida de la comunidad, cada vez que el azar nos permite influir en el destino social o cultural de nuestro pueblo. Sin mirar los balances favorables y los signos positivos de épocas anteriores, buscamos hacer la tabla rasa para empezar una nueva construcción. Por ello, de cambio en cambio, de modificación en modificación, de sistema en sistema, de ensayo en ensayo, hemos llegado, en el afán de borrar el pasado, hasta frustrar nuestra genuina fisonomía nacional. La revolución de octubre de 1945, afanosa de componer lo corrompido anterior, habló hasta de una segunda independencia. Lo mismo habían dicho todos los movimientos precedentes cuando tomaron el gobierno. Si leemos los discursos inaugurales de los ejercitantes en el Poder, hallaremos que Venezuela ha nacido tantas veces como regímenes personalistas ha soportado. Nuestros gobernantes no han dicho como a Luis XV: ¡Después de nosotros el diluvio! Sin sentirse responsables de lo que siga, como consecuencia histórica de sus actos, han visto el pasado para justificar su ascenso a los nuevos comandos, y entonces, en tonos de augures y comparando el escaso puchero de ayer con el opulento banquete de hoy, han declarado: Antes de mí era el caos.

1997 Manuel Barroso, en ‘Autoestima del Venezolano’: <<Venezuela está en crisis desde su nacimiento. La lleva en su sangre. Bastaría repasar su historia: caudillos, matanzas, atraso, ignorancia, miseria, violencia….Un siglo después, es cierto que hemos crecido en algunas dimensiones pero en lo esencial, el pueblo sigue enfermo, pobre, ignorante y además engañado y desesperanzado.

Actualmente, en la democracia, la crisis persiste y se acentúa. Y tiene un sentido trágico. Hemos perdido el camino, la pasión y la dignidad. Caminamos mirando hacia atrás. Durante estos treinta años, hemos ensayado una nueva forma y los resultados son mediocres: crisis de las personas, de las conciencias de valores, de dignidad. Está en crisis el sentido y destino de las instituciones, sus objetivos y su misión. Está en crisis la justicia. Y cuando la justicia está herida el corazón mismo de la democracia está enfermo y la libertada en peligro.”

Y, refiriéndose al 27 de febrero de 1989, Barroso afirma:   ” ”Lunes negro”. Los cerros se arrecharon y bajaron. El centro en llamas… Mil muertos. Los comercios saqueados… No habrá abastecimiento, colas por todas partes. No habrá pan, ni leche. No hay gasolina. El rumor a la orden del día. Todo tan de repente… ¿Pero y cuál es el alboroto? Si llevamos treinta años de atracos, violencias, violaciones, injusticias, saqueos la tesoro nacional, homicidios, irrespetos, robos de vehículos, corrupción, justicia amañada ¿Qué es lo nuevo o lo diferente? Son muchos años de tanta violencia colectiva que ya nos hemos acostumbrados a vivirla con resignación. De tal manera nos hemos resignado a manejar nuestra impotencia cuando nos roban, nos alteran los precios, nos atracan, nos mienten, que lo tomamos a broma, echamos chistes sin poder elaborar respuestas coherentes. Lo que pasó en la tarde del 27 de Febrero de 1989 fue una metáfora de la violencia que todo venezolano ha padecido durante treinta y ocho años. En unos días se habrían registrado 257 muertos, según cifras oficiales, pero en treinta años de democracia las cifras de todas las muertes y torturas y maltratos se catalogarían en millones.

Y nadie a dicho nada. Ahora cuando los cerros se desatan y el pueblo se lanza en hordas sin líderes y saquean y destruyen, nos sentimos amenazados por el apocalipsis dramático y caótico, aunque si a ver vamos, es lo mismito del año pasado, lo de siempre, solo un poco más de lo mismo.

Hemos estado de pesadilla en pesadilla, año tras año y sin ánimo de ser profeta del desastre, me atrevería a afirmar que continuaremos en lo mismo, quizás en peores términos, mientras no exista una voluntad política y ciudadana de transformar todo nuestro estilo de vida, creando una nueva óptica, toda una nueva manera de pensar, de ser, y de sentir con respecto a lo que somos y lo que queremos [énfasis es nuestro].>

Año 2010 (y al año 2014 solo hay que añadir más de lo mismo)

He revisado el pasado. ¿Uds. que piensan? ¿Hemos esencialmente progresado?

El dilema es que no hemos sido capaces de crear una sociedad decente y justa. Yo sostengo que el problema real de este país no es un hombre que prefiero no nombrar, sino, en el fondo, toda una nación que no se conoce a sí misma. O sea, que el problema, mis queridos coetáneos conciudadanos, somos nosotros.

Uds. viven conmigo en este angustioso tiempo presente y, creo, no necesitan que les presente con citas o referencias actualizadas para que se enteren de lo que nos ocurre. Nosotros somos testigos de la disolución del país: lo vemos en el gobierno y su desempeño que desgobierna, lo vemos en la Mesa de Unidad ¿Democrática? que prioriza los deseos de las cúpulas por encima del bien común y los ciudadanos, vemos con angustioso terror como se conculcan libertades y todos vivimos sin luz o a media luz, sin agua o a cuenta gotas y con miedo (y del real) de perder la vida: Uds. seguro leyeron la noticia, fue hace pocos días, ocurrió en Baruta, Terrazas del Club Hípico, el señor, un comerciante, fue al preescolar a buscar a su hijo y no regresó; asesinado por la bala criminal en la calle quedó. Así vivimos todos en el Serengeti que es Caracas y que es Venezuela.

En 1998, otra vez,  quisimos llegar a la cima y ya Uds. lo ven, venimos de nuevo en retroceso, dando tumbos hacia abajo. Aún caemos. ¿Cuándo iniciaremos, otra vez más, la subida? ¿Podemos romper con este terrible castigo autoimpuesto?

Porque debemos estar claro en algo, este castigo no es maldición de dioses, no nos fue designado por ellos: es el resultado emergente de las interacciones de los ciudadanos entre sí, de la interacción de la gente, venezolanos todos, con la geografía y con el mundo. Responsables, pues, somos todos y la solución es de todos encontrar.

¿Cuáles son los problemas de fondo?

Nuestra ausencia de sentido histórico: que no nos conocemos, que no sólo no conocemos nuestra historia, sino que la falsificamos para satisfacer a los gobernantes de turno. Ejemplo contundente: en la escuela me enseñaron que el himno nacional, Gloria al bravo pueblo fueron de la autoría (letra y música respectivamente) de Vicente Salias y Juan José Landaeta. Pues, resulta que no es así, sus autores son Don Andrés Bello (letra) y Lino Gallardo (música). ¿Y por qué? Porque a Antonio Guzmán Blanco no le gustaba Bello, por ser conservador, y Gallardo, por ser pardo. Y el déspota ilustrado ordenó el cambio. ¿les suena familiar la historia?

Nuestro contexto social es poco profundo. No hay conciencia de comunidad. El 80% de los venezolanos viene de la destriangulación del padre ausente y la madre ocupada. En el contexto del país abundan los mapas de desvalorización, comodidad, ineficiencia, fracaso, abandono, de no meterse en líos, de viveza, y de hacer las cosas a medias.

Manuel Barroso en  su “Autoestima del venezolano” escribe: “ La débil conciencia de nuestras necesidades orienta la energía hacia lo marginal. El venezolano no tiene conciencia de país, porque la que tiene de sí mismo es incompleta. La energía queda represada en un individualismo enfermizo, sin dimensiones, ..sin arraigo en la comunidad, pero exigiéndole a ésta que sea perfecta. La comunidad no existe en Venezuela porque hasta hace poco, no había conciencia de personas, ni del bien común. Y sin comunidad, como norte, hemos perdido el sentido y dirección y no logramos salir de las cuatro paredes del rancho interior que nos hemos construido.”

No hemos asumido como pueblo nuestra mezcla de razas. El proceso de mestizaje trajo cosas buena, pero nos dejó también la cultura del abandono, del maltrato y de la ignorancia.

El proceso de mestizaje en este país comenzó en el siglo XVI teniendo como base aproximada 350.000 indígenas, 5.000 españoles y cerca de 10.000 africanos (cifras tomadas de La marginalidad sin tabúes ni complejos de Carlos Zubillaga).

En su hermoso y lírico libro,”Esta Tierra de Gracia” refiriéndose al Siglo XVI venezolano, Isaac J. Pardo dijo: “ El Siglo XVI venezolano es una ebullición vehemente, y el hecho más transcendental de semejante bullir será la conjunción de tres grupos humanos de muy diversos caracteres y muy diferentes acervos culturales. Físicamente unidos, pero espiritualmente pugnaces, blancos, indios y negros proyectarán su existir sobre el mundo exterior para crear una manera de vida nueva para todos. Porque desde el momento mismo en que se reúnen sobre la Tierra de Gracia, blancos, indios y negros comienzan una vida diferente de la habían llevado hasta entonces.”

NOTA HISTÓRICA

A pesar que el número de indígenas era mayor que el de los africanos, la influencia del africano en la cultura venezolana es más profunda que la indígena. Este ensayo no es para analizar la influencia africana en la venezolanidad así que solo daré una pasada rápida sin detenerme: topónimos áfricanos en la geografía del país, por ejemplo, los nombres de origen congolés de algunos lugares geográficos como Birongo (Brión, Edo. Miranda), Cambembé, (Yare, Edo. Miranda); aporte culinario africano está en la preparación de alimentos con el uso del coco— el ñame y el quimbombó son de origen africano—, el pilón de madera es un importante aporte de los esclavos negros para la preparación de alimento del venezolano, el fu-fu barloventeño hecho con harina de plátano es un plato de origen africano, la tradicional guasacaca venezolana está emparentada con la sakasaka congolesa, y por último, no debemos olvidar que el africano, como esclavo doméstico, asumió casi con exclusividad la función de cocinero y enriqueció la cocina colonial con su arte de guisar; Música, cantos y danzas, ligadas a las fiestas de San Juan, San Benito, Diablos Danzantes; Instrumentos musicales: el africano al llegar a estas tierras, y en cuanto pudo, tuvo que resconstruir aquí sus tambores nativos. Y, ahora, los venezolanos tenemos los tambores chimbangueles que se utilizan para acompañar al santo negro San Benito; los tambores culo e´puya que se usan hoy en Curiepe, Edo. Miranda.

Ver una mujer venezolana bailando salsa o tambores es ver los ritmos vibrantes del África transformados y hecha tierra nuestra; Libertad es un aspecto importante del aporte africano al ser venezolano: nuestro espíritu de libertad y nuestro sentido de indignación ante las injusticias. Fueron muchas las insurrecciones negras en Venezuela. Las principales fueron las de: Negros esclavos de Coro (1532), Negros de las minas de Buria en Yaracuy (1552-1555), Negros perleros de Margarita (1603), Cimarrones de los Valles Centrales (1650), Negros de Puerto Cabello y Tucacas (1732), Negros de las tierras tuyeras de Yare (1747), Negros de Panaquire y Valles del Tuy (1771-1774), Negro de Caucagua y Capaya (1794), Negros de la Sierra de Coro liderados por José Leonardo Chirinos (1795), Negros de Oriente (1798) y Negros mulatos de Maracaibo (1799).

El impacto del negro y su cultura en la venezolanidad tiene otro aspecto que es la influencia que las esclavas negras tuvieron sobre los niños de las casas de los criollos. Y como Arturo Uslar Pietri ya escribió sobre este tema, mejor lo cito a él directamente: ”Desde el punto de vista cultural el negro tuvo más influencia que el indio. No hubo grandes concentraciones africanas, salvo en las zonas de cultivo de cacao y de la caña de azúcar pero en cambio, durante todo el período colonial las esclavas negras, al servicios de las casas de los criollos, fueron encargadas de la crianza y de la primera educación de los niños que iban a constituir la clase dirigente. La influencia de toda esta pedagogía negra debió ser profunda y duradera. Toda una corriente de pensamiento mágico, de mitos naturistas, de ejemplos de astucias y del desvalimiento, de los prodigios del azar y del destino, entraron en esa forma, más eficaz que la superficial escuela de la época, en la formación de la mentalidad venezolana.”

En la integración de sangres de la nación hay un trauma que los venezolanos no hemos reconocido/asumido con la seriedad que el tema merece (nótese que la mezcla de sangres es un asunto meramente biológico que no representa ningún trauma. El problema reside en que la síntesis de cosmovisiones (Weltanschauung), para crear algo novedoso y único, es algo que, como colectivo humano, como sociedad, aún no hemos hecho. Como dice, José Balza, en su ensayo “Pensar a Venezuela”: ‘’En el tránsito hacia una sociedad nueva (tarea que, al parecer, nos ocupa desde hace siglos) eso no occidental debe manifestarse, reclamar sus derechos, ejercer sus libertades.”

Refiriéndose al arte, Balza nos dice que “[es] válida, en cambio, la mirada con que Briceño [se refiere al recientemente fallecido filósofo apureño, y profesor de la ULA, José Manuel Briceño Guerrero (1929-2014) – Ver los obituarios en el Papel Literario de El Nacional de Rafael Rattia (Un archimandrita del espíritu) y Luis Mora Ballesteros (Hay hombres excepcionales)] recorre la presencia corporal de lo no occidental en nuestro arte. Porque despreciado y perseguido por el español, el indígena se vio obligado a esconder, destruir o disimular sus expresiones espirituales. En Venezuela, después de la llegada de Colón, debimos esperar más de tres siglos para que se comenzaran a considerar las lenguas autóctonas. Y esperar la mitad del siglo XX para que esa cultura y la del negro comenzaran a ser objeto de auténtico rescate, valoración y difusión”.

Briceño Guerrero y Laberinto tres minotauros

Vale la pena, quizás ahora ya que él murió muchos lo hagan, leerse los trabajos de Briceño Guerrero. En especial recomiendo dos: Su obra “El Laberinto de los Tres Minotauros“, y su ensayo ¿Qué es filosofía? (un ensayo relativamente corto y que está en Internet en donde Briceño Guerrero se plantea el significado de hacer filosofía desde Venezuela). Hay un trabajo de Francisco Toro (Salvajes, mantuanos y racionalistas) que puede servir como una introducción a “El Laberinto de los Tres Minotauros” (ver aquí también).

NOTA: Extracto de ¿Qué es filosofía? (Sección III)

Y ahora llegamos a un punto en que podemos formular con sentido una pregunta muy importante: ¿Pertenece nuestra patria, Venezuela, a la cultura occidental? De la respuesta a esta pregunta depende nuestra relación con la filosofía, con la única tradición filosófica del mundo, la occidental. Guillermo Morón dio a esa pregunta, en una de sus obras, la siguiente formulación: “¿Venimos de los griegos?”; formulación concisa, desafiante, plena de sugerencias.

Respondemos: Venezuela (podríamos decir Latinoamérica) está emparentada con la cultura occidental y descendemos de los griegos por línea bastarda. Somos un pueblo mestizo de cultura sincrética, surgida del encuentro traumático de tres tradiciones: la occidental, la india y la negra. Triunfó la occidental. La india y la negra fueron desmanteladas, desarticuladas, humilladas. Todas nuestras instituciones son creación de la cultura occidental; hablamos una lengua europea.

Pero ese triunfo es más superficial de lo que pudiera creerse: las formas culturales qué tenemos no han calado profundamente en el material humano que intentan configurar.

Distinguimos, pues, por una parte, formas culturales europeas más o menos modificadas, y, por la otra, el material humano mestizo.

Las formas culturales europeas fueron creadas por los pueblos occidentales en el transcurso de largos siglos de experiencia; desarrolladas y afirmadas en el enfrentamiento con sus propios problemas, son la manera peculiar en que esos pueblos han ido resolviendo sus problemas vitales. Entre nosotros tienen un afincamiento parcial,nos quedan flojas o apretadas; no son nuestras a pesar del bastardo parentesco que nos une a sus creadores.

El material humano no es de por sí totalmente amorfo, antes por el contrario está estructurado aquí y allá por restos fragmentarios de culturas no europeas; ni pasivo: lo arriman fuerzas creadoras que tienden a constituir y expresar la idiosincrasia mestiza, pero que no lo logran porque se encuentran oprimidas, inhibidas, enceguecidas por las formas europeas imperantes.

Esa nuestra idiosincrasia mestiza, que no ha podido manifestarse positivamente en la creación de formas culturales propias, se manifiesta, sin embargo, negativamente de múltiples maneras como oposición, obstáculo y entorpecimiento de las instituciones que nos rigen. Así tenemos: en el trabajo, el “manguareo”; en la educación sistemática, la “paja” o el “caletrazo” mal digerido de manuales por parte de los profesores, el “apuntismo’’ y el “vivalapepismo’’ por parte de los estudiantes; en la vida social, la “mamadera de gallo”; en la producción literaria y artística, el “facilismo” (los signos de un estilo literario y un lenguaje plástico propios se encuentran, pero hay que buscarlos mucho); en la política, el “bochinche”, el “caudillismo”, el “golpismo”; en las posiciones de responsabilidad el “paterrolismo” y el “guabineo”; en la lucha por el mejoramiento personal, el “pájaro-bravismo”, el “compadrazgo” y la “rebatiña”; en la religión, el “ensalme”, la “pava”, la “mavita”, el “cierre”, los “muñecos” y las “lamparitas”; etc., etc. Es evidente, por otra parte, que en los proyectos, quehaceres y opiniones predominan la emoción sobre el pensamiento, la magia sobre la razón, el mito sobre la historia, la corazonada sobre el cálculo frío.

…….

Ahora preguntamos: si esas oscuras fuerzas creadoras, que constituyen lo más auténtico de nuestro ser y que no han podido manifestarse sino negativamente, tuvieran libre campo de acción, fueran liberadas de la red de estructuras formales que las ocultan y oprimen ¿a dónde conducirían? ¿qué nuevas formas generarían? ¿a qué cultura insospechada darían nacimiento? Es de imaginar que entonces pelearíamos combates íntima auténticamente nuestros, con total compromiso, en ejercicio de nuestra originaria libertad, con la más genuina autonomía existencial.

Somos únicos. Ya el historiador Carrera Damas, al explicar su concepto de la Implantación, lo dijo:

<< La implantación se refiere a un hecho inédito en la historia universal: la decisión de los conquistadores españoles de asentarse en territorios previamente ocupados por poblaciones indígenas más o menos densas poblacional y culturalmente, y sin poder trasplantar plenamente los esquemas europeos crear nuevas sociedades, bajo nuevos parámetros y con nuevos propósitos. Es el inconmensurable aporte de América Latina a la cultura universal. Algo que la cultura anglosajona no hizo ni en Norteamérica ni en África, en donde  se prescindió de los pobladores nativos, para permitir un trasplante de las culturas originarias de los conquistadores. Hablamos de un esfuerzo histórico universal de inmensa envergadura: la creación de las sociedades criollas, del mestizaje, en todos los ámbitos, con un aporte de gran trascendencia para la modernidad: la república liberal en el mundo hispano-lusitano.>>

Aceptemos de una buena vez nuestra mezcla de sangres y nuestra infinita capacidad creadora, y aboquémonos a crear un futuro de progreso.

¿Cuál es la solución?

Bueno, el problema es complejo y no existe tal cosa como una solución única, tangible, empaquetada, que la podamos comprar en las boticas de los centros internacionales, traerla e implementarla. No. La solución es autóctona, lenta, generativa y emergente. No hay tampoco un camino definido y concreto, al que se pueda apuntar en el horizonte y decir: “Este es el camino”. Pero, una cosa es cierta, los venezolanos no estamos condenados a ser como Sísifo,

Sí existe una intuición de que hay un camino correcto que implica una transformación cultural, pero el camino hay que buscarlo, explorarlo, la solución deseada por todos emergerá mientras andamos por ese camino haciéndonos preguntas profundas y relevantes, conociéndonos, participando, vinculándonos, aumentando el tejido social, deslastrando nuestro individualismo heredado.

Cito al gran historiador español Américo Castro: “Para mí, la única postura posible es lanzarse de lleno, animado de simpatía y de ardiente “caritas”, a vivir el problema, desde la fronda de su copa hasta la profundidad oscura de sus raíces .Hay que volver en sí, retornar a la realidad del “sí mismo”, porque, un pueblo como una persona individual, pierde su tiempo y su razón si cree evitable la presencia de lo que en efecto ha sido….tener plena conciencia de cómo se ha sido, es el único modo de alzarse a mejores destinos—si realmente se aspira a mejorarlos.”

La intervención para transformarnos y lograr un futuro alternativo, diferente a la tragedia sísifeana que nos agobia, tiene un nivel personal y un nivel colectivo. Por un lado, la tiene que hacer cada ciudadano, asumirla por sí mismo (tal vez,  requiriendo de ayuda), para adentro y, luego, para afuera, ayudando a la transformación de su entorno. Por otra parte, en el nivel colectivo, debemos dialogar en familia y en comunidad. La familia es, nos dice Manuel Barroso, “el contexto donde se desenvuelven las interacciones más importantes y se hacen los aprendizajes que durarán toda la vida.” Dejo a los terapeutas familiares explicar el caso de la transformación en familia.

A nivel de comunidad,  los ciudadanos juntos, dialogando y  conversando, utilizando las diversas tecnologías sociales para las transformaciones colectivas podemos cambiar los contextos y generar nuevas narrativas y contarlas a nuestros hijos y las nuevas generaciones. Todos tenemos la capacidad de dialogar y generar nuevas historias y contarlas. Todos somos bardos.

El lema es: educación, educación, y más educación.

Y también lo es: dialogar y preguntar, dialogar y preguntar.

Educar a la persona, nos dice Manuel Barroso, “es entrenar masivamente a todos los venezolanos en su autoestima personal: conciencia de sí, de sus necesidades, de sus contextos, de sus objetivos, enseñándoles cuáles son sus mapas que paralizan, y cuáles son las alternativas para el desarrollo, y qué hacer con los enormes recursos de que disponemos, y cuáles son nuestras responsabilidades.”

La solución es un camino y en el bregar por las preguntas están las respuestas.

Tengo esperanza

¡Sí ( leer con tres “i” )!  ¡Claro que tengo esperanzas!

Samuel Johnson, un ensayista y poeta inglés del siglo XVI, alguna vez dijo que “donde la esperanza no existe, no puede existir el esfuerzo” y yo lo suscribo. Tengo muchas esperanzas de que los ciudadanos venezolanos trabajando en conjunto lograremos romper este eterno castigo sísifeano. Pero mi esperanza no es optimismo ciego, defino la esperanza como la define el escritor, poeta, y político checo, Vaclav Havel, quien afirma que “la esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certidumbre de que algo tiene sentido, sin importar el resultado final.”

No puedo entonces sino estar de acuerdo con el gran intelectual y ciudadano ejemplar del siglo XIX venezolano llamado, Cecilio Acosta, cuando al referirse a Venezuela(discurso de orden del 8 de agosto de 1869 ante la Academia de Ciencias Sociales y Bellas Artes) dijo:

“Aquí son los cielos palacios de luz y de zafir, tienen los mares por asientos perlas, pisan las bestias oro y es pan cuando se toca con las manos ¿Sabéis lo demás que tenemos? Casi todo: aquí se conocen las cosas sin los libros, se escribe sin modelos y se va adelante sin vapor: aquí hay una precocidad que adivina, un gusto que pule, un entendimiento que abarca, una imaginación que pinta, y un espíritu que vuela. Pero todo está bruto aún, y es preciso desprender el cuarzo para dejar el oro fino, llamar la industria con garantías, que es como viene, llamar al capital con halagos, que es como viaja, y traer á la civilización de pilón que es como crece, para que de este modo aprovechar en nuestro suelo tanto tesoro oculto y tanta riqueza natural. Oh! Éste será con el tiempo un gran pueblo, y yo asisto en idea al espectáculo. Entre tanto, y en cierto sentido, el genio nacional duerme, las alas plegadas, el aliento ansioso, aguardando sólo aire en que sostenerse y espacio que devorar. Y ya al descender de esta tribuna, he de expresar un voto que me sale de lo hondo del pecho: que las ciencias y las letras se difundan tanto en mi país, que formen una atmósfera social; que mis conciudadanos respiren por todas partes el aire de la civilización y que sobrevenga por fin el reinado de paz, dicha y gloria a que está llamado, por índole y por suerte, un pueblo tan espiritual como Venezuela.”

Hoy, 15 de marzo [este ensayo fue originalmente publicado el 16 de marzo de 2010, día de mi cumpleaños], en la víspera de mi cumpleaños esa es mi gran esperanza y por eso celebrare con gusto y gracia. Todos somos bardos y entre todos tenemos la solución. Uds. ya lo saben, confío en mis conciudadanos, gente de a pie. Juntos podemos transformar este país, esta Tierra de Gracia.

Hacerlo es nuestro deber y obligación.

–––––––––––––––––––––––––

(1) La versión original de “Sísifo somos todos” no incluía la carta de César Zumeta. Un extracto de la carta fue incluida en la sección de comentarios de infoCIUDADANO con la siguiente nota de presentación: << Recientemente, en el libro, “Venezuela Quinientos Años”, publicado en 1997 por el Citibank Venezuela, leí extractos de una carta de César Zumeta a Cipriano Castro …….De haber tenido conocimiento de esta carta, al momento de escribir el ensayo,”Sísifo somos todos”, sin duda, la hubiera incluido en la sección, “Habla el ayer”, a continuación de la cita de la carta de Cecilio Acosta.>>

SOBRE EL AUTOR: 

José G. Álvarez Cornett (@Chegoyo en Twitter)
Miembro de COENER, del grupo “Physics and Mathematics for Biomedical Consortium“,
y de la American Physical Society (APS). Representante de los Egresados ante
el Consejo de Escuela de Física, Facultad de Ciencias, UCV.

JAC-minibio-pic1

Filed in: Ensayos, Venezuela Tags: , , , , ,

Leave a Reply

Submit Comment
© 5649 Chegoyo. All rights reserved. XHTML / CSS Valid.
Proudly designed by Theme Junkie.
css.php