Ciencia Española en el siglo XVIII: Un programa guía de estudio desde Venezuela para entender la filosofía experimental (física) en la España Ilustrada

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ENSAYO
José Álvarez-Cornett
(@chegoyo en Twitter)
CARACAS (Chegoyo.com)
28/Mayo/2015

Collage Fisica España Siglo XVIII
Aceptando la invitación a
una aventura docente
en historia de las ciencias.
JAC
«No hay Reino que no sea newtoniano y, por consiguiente copernicano;
mas no por eso pretenden ofender (ni aun por imaginación)
a las sagradas letras que tanto debemos venerar;
¿Será decente con esto obligar a nuestra Nación a que,
después de explicar los Sistemas y la Filosofía Newtoniana,
haya de añadir a cada fenómeno que dependa del movimiento de la Tierra:
pero no se crea éste, que es contra las Sagradas Letras?
¿No será ultrajar éstas el pretender que se opongan a las más delicadas
demostraciones de Geometría y de Mecánica?
¿Podrá ningún Católico sabio entender esto sin escandalizarse?
Y cuando no hubiera en el Reyno luces suficientes para comprehenderlo
¿dejaría de hacerse risible una Nación que tanta ceguedad mantiene?
No es posible que su Soberano,
lleno de amor y de sabiduría, tal consienta:
es preciso que vuelva por el honor de sus Vasallos;
y absolutamente necesario,
que se puedan explicar los Sistemas,
sin la precisión de haberlos de refutar:
pues no habiendo duda en lo expuesto, tampoco debe haberla
en permitir que la Ciencia se escriba sin semejantes sujeciones»

Jorge Juan, 1773

(Nota: El Principia de Newton es del año 1687. En 1771,
la Universidad de Salamanca se manifestó
a favor de Aristóteles frente a Newton.)

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Antecedentes históricos

Antes de comenzar, es prudente aclarar que lo que hoy conocemos como física, en el siglo XVIII, se llamaba filosofía experimental o natural y era considerada una rama de la filosofía, y que la astronomía, la geodesia, la cartografía, la astronomía náutica y la fabricación de instrumentos eran considerados parte integral de la nueva filosofía experimental. La astronomía (en especial la astronomía matemática, como la que hacía Copérnico) era una rama separada y no fue parte de la filosofía natural hasta que Isaac Newton las unió a las dos en su obra Principia Matemática en 1687. Por ejemplo, en los siglos XVII y XVIII, uno de los retos científicos más importantes era el encontrar un método confiable para determinar la longitud en alta mar – problema que como se sabe fue finalmente resuelto por el británico John Harrison (1693-1776) con su cronómetro náutico (BETTS, 2006). También existió un método alterno llamado el método de las distancias lunares en donde tuvo una participación importante el astrónomo español José de Mendoza y Ríos (1761-1816) quien con la publicación de sus tablas náuticas hizo viable el método de las distancias lunares para determinar la longitud.

Recordemos que la palabra científico (scientist) y ciencia con su significado actual data del siglo XIX – anteriormente la palabra “ciencia” solo significaba “conocimiento”– , el término fue acuñado por el filósofo inglés William Whewell (1794–1866) en 1833. Para mediados del siglo XIX cuando los científicos ya no podía contribuir igualmente a la física y a la química, entonces, la filosofía natural o experimental pasó a llamarse física. Aún en 1867, el término “filosofía natural” seguía en uso. Por ejemplo, el tratado sobre física de Lord Kelvin y Peter Guthrie Tait se llamó Treatise on Natural Philosophy (1867).

También, afirmamos de entrada que para entender los desarrollos de la filosofía experimental (física) en la España Ilustrada, es decir, en la España del siglo XVIII, se debe empezar estudiando un periodo anterior que va desde aproximadamente 1680 a 1700, y, seguidamente, pasamos a explicar la razón por la cual hacemos esta afirmación. Por último, recordamos que la Ilustración en España, como periodo histórico, abarca desde la llegada al poder de los Borbones en noviembre de 1700 hasta la invasión de España por Napoleon Bonaparte en mayo del 1808.

Ciencia y Humanismo

Algunos autores, como Jesús L. Paradinas Fuentes, al presentar el tema del Humanismo, explican que el movimiento humanista en España tomó características españolas debido a la peculiar historia de España que la distingue del resto de Europa (la invasión de los visigodos a la caída del Imperio Romano, seguida por la conquista de Iberia por los musulmanes y la destrucción por ellos del legado literario latino en las bibliotecas que existían en la época de San Isidoro de Sevilla (556-636), y la coexistencia en España de las tres culturas: judía, cristiana y musulmana).  La destrucción del legado latino hizo que “a priori quedara excluida la actividad de los buscadores de códices que caracterizó al Quattrocento italiano y que constituyó uno de los principales acicates de los studia humanitatis” (GIL FERNÁNDEZ, 2005). Esto es todo muy cierto pero, luego, de allí se pasa a concluir que España no participó en la creación de la ciencia moderna porque la “revolución científica moderna siguió el camino que había abierto la evolución del Humanismo italiano y no la del español”. Ahora, esta última afirmación no se ajusta del todo a los hechos históricos.

Los italianos, por evidentes razones nacionalistas, estaban interesados en recuperar ante todo y sobre todo la lengua y la cultura latina, dado que en la antigua Roma habían alcanzado el momento más glorioso de su historia y, en segundo lugar, la lengua y la cultura griega, pues éstas también habían formado parte de su cultura. Los españoles, en cambio, no estaban tan interesados en recuperar las lenguas y las culturas clásicas, sino en exaltar su propia lengua y su propia cultura, pues para ellos los tiempos modernos eran claramente superiores a los antiguos. Eso quiere decir que el desarrollo y evolución del Humanismo fue diferente en cada nación, dependiendo de las tradiciones culturales y de las circunstancias históricas de cada una. La revolución científica moderna siguió el camino que había abierto la evolución del Humanismo italiano y no la del español. Una razón que explica, entre otras, el que España apenas participara en la creación de la ciencia moderna (PARADINAS FUENTES).

Es correcto decir que España no participó en la llamada Revolución Científica–tal como ella es generalmente definida–, pero no es correcto inferir que Iberia no participó en la creación de la ciencia moderna. La creación de la ciencia moderna es un proceso mucho más amplio que el descrito por la Revolución Científica en la cual Iberia (España y Portugal) ni siquiera es mencionada.

“Revolución” como una metáfora del cambio 

A partir de 1939, los historiadores franceses y anglosajones comenzaron a usar la metáfora “revolución” para explicar los cambios en la ciencia del siglo XVI y XVII, y con ella construyeron una narrativa de los hechos que excluyó a Iberia de la historia de la ciencia durante el Renacimiento. Comenzando con el historiador francés Alexandre Koyré (1892-1964) quien en 1939 introdujo  el término “Revolución Científica” (SHAPIN, 1996; p. 2) y, luego, en el mundo anglosajón, continuando con las lectures de 1948 de Herbert Butterfield (1900-1979) en Cambridge las cuales fueron decisivas para que los historiadores adoptaran la metáfora de la “Revolución Científica” para explicar, no solo un cambio en cómo se practicaba la filosofía natural (lo que hoy llamamos ciencia), sino un cambio de índole cultural, un cambio en la historia de las ideas, un cambio en la historia de la civilización occidental, la cual, según para ese momento consideraba Butterfield, la periodización de la historia de la civilización occidental había pasado por alto (LINDBERG y WESTMAN, 1990,p.xvii).

Esta narrativa basada en la metáfora de la revolución, que, hoy en día, continúa siendo la narrativa dominante en la historia de la ciencia del Renacimiento (SÁNCHEZ-MARTÍNEZ, 2014 y HEILBRON, 2014), supone que la ciencia avanza gracias a los esfuerzos de grandes personalidades – Copérnico (1473-1543), Francis Bacon (1561-1626), Kepler (1571-1630), Galileo(1564-1642), Descartes (1596-1650), Newton (1642-1726/7; publicación del Principia en 1687), Huygens (1629-1695),  etc.–, por lo cual se concentra en el estudio de estas personalidades, pone mayor énfasis en la física, la astronomía y en la matematización de la ciencia y excluye de la narrativa a la historia natural (por ejemplo, la botánica), la farmacología, la cartografía, la navegación, la astronomía requerida para hacer los mapas celestes del hemisferio sur, la antropología, y la etnología, áreas todas en donde Iberia realizó grandes contribuciones, y, además, no toma en cuenta el hecho de que el padre jesuita Domingo de Soto (Segovia, 1494– Salamanca, 1560) fue el primero en establecer (1545 y 1551) que un cuerpo en caída libre sufre una aceleración constante (MIRA-PÉREZ, 2009), descubrimiento el cual, según William Wallace, fue posiblemente del conocimiento de Galileo a través del Colegio de Roma de los jesuitas (WALLACE, 1968).

Ahora bien, si nos alejamos de la metáfora de la revolución, y buscamos otros criterios menos restringidos para explicar e incorporar los cambios ocurridos en la ciencia en el siglo XVI y XVII (por ejemplo, usando marcos de trabajo que consideran a la ciencia como “venatio“– la cacería del conocimiento– (EAMON, 1994), o la ciencia vista desde el Atlántico como marco de referencia geográfico (SÁNCHEZ MARTÍNEZ, 2014)), podemos darnos cuenta de que el surgimiento de la ciencia moderna, en su fase temprana, tuvo dos causas principales.

Siguiendo a Jorge Cañizares-Esguerra, estas causas fueron: “primero, la nueva historia natural y los cambios epistemológicos conectados con ella, y segundo, la transición de una visión organística a una visión mecánica del mundo, un cambio estrechamente conectado con la filosofía experimental, y las contribuciones hechas por ingenieros, médicos, alquimistas, cartógrafos, pilotos, y fabricantes de instrumentos” (CAÑIZARES-ESGUERRA, 2004), y no solo por las contribuciones de grandes personalidades. Como lo indica Antonio Barrera Osorio, el gran aporte de España a la Historia de la Ciencia, en los albores de la llamada Revolución Científica, consistió en la creación e institucionalización de prácticas empíricas para el estudio de la naturaleza americana (BARRERA OSORIO, 2006).

Siglo XVII: España se cierra al mundo europeo

Luego de haber hecho aportes importantes a la historia de la ciencia en el siglo XVI, debido a (i) las luchas por el poder, (ii) para evitar la entrada de las ideas protestantes y (iii) para impedir–con poco éxito– que los secretos de las Indias se esparcieran por Europa, España se cierra al mundo europeo.

Si bien el aislamiento no fue completo, este cierre impidió que las nuevas ideas generadas en la Europa protestante se difundieran en España (algunas ideas llegaron pero éstas tuvieron poca difusión, en parte, debido al ambiente de censura impuesto por la Inquisición) y, por ello, durante el final del siglo XVI y gran parte del siglo XVII, se produjo un declive de la ciencia española y una decadencia en los saberes técnicos.

Sin embargo, hacia fines del siglo XVII, con el movimiento de los novatores, la ciencia en España comienza a renovarse. Los expertos coinciden en que el año de 1687 es un año clave en el inicio de la renovación científica de España. En ese año se publica la Carta filosófico-médico-chymica de Juan de Cabriada (1665-1714) y surge con el doctor Francisco San Juan y Campos  un movimiento renovador en la Universidad de Zaragoza. Entonces, para entender la adopción en España de las ideas de la nueva filosofía experimental y los desarrollos que ésta tuvo en España durante el siglo XVIII debemos primero retroceder un par de décadas y estudiar el período que va desde 1680 a 1700 (MESTRE, 1996).

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La Física en el siglo XVIII español

El siglo XVIII se inició para España con un cambio de casas reales. Hay ahora una nueva gerencia real, la Casa de Austria (Habsburgo, alemana) fue sustituida por la Casa de Borbón (francesa). Los reyes de España en este período fueron: Felipe V (1700-1746), con una interrupción breve en 1724–el rey abdicó en su hijo Luis I pero éste falleció a los ocho meses y Felipe V asumió el trono de nuevo el 5 de septiembre de 1724–, Fernando VI (1746-1759), Carlos III (1759-1788) y Carlos IV (1788-1808). En el periodo de 1724 a 1788, España pasó por una fase de modernización que se llamó el Reformismo borbónico.

Los Borbones derogan la Real Cédula (1559) de Felipe II, que impedía estudiar en el extranjero o contratar profesores foráneos. De esa manera empiezan a enviar becarios al exterior y a organizar un entramado científico, de nuevo cuño, de donde queda inicialmente marginada la universidad, dada la dificultad de introducir reformas en el pesado aparato institucional de la misma. (PUERTO, 200x)

En el Setecientos, el mayor impulso que recibió la ciencia en España ocurrió durante los reinados de Carlos III  y, en menor grado, durante Carlos IV.

El desarrollo científico en España durante el siglo XVIII no fue un proceso superficial, protagonizado sólo por una minoría ilustrada, sino que, lo que podríamos llamar renovación científica, tuvo hondas raíces en el pasado. Ya durante la segunda mitad del siglo XVII se observan las nuevas tendencias hacia su renovación. El cambio dinástico que se produce en esta época va a favorecer el desarrollo científico, que alcanza su máximo esplendor durante el reinado de Carlos III, ya que el Gobierno, por medio de sus Ministerios, se erigió en el principal protagonista de la implantación de la enseñanza y el cultivo de las ciencias experimentales en España; para estabilizarse posteriormente en los años finales del siglo XVIII, precisamente cuando se recogen los frutos de la obra realizada durante el siglo.

Durante este siglo, y sobre todo en su primera mitad, la actividad científica en las Universidades fue casi nula, permaneciendo la estructura de las mismas prácticamente invariable con respecto al modelo establecido en el siglo anterior, quizás debido a que las mismas estaban en su mayor parte en manos del estamento eclesiástico, que se oponía de forma decidida al cambio; de ahí que nacieran durante esta época otros organismos extrauniversitarios, tales como las Academias y las Sociedades Económicas, que tuvieron una decidida participación en la difusión de la ciencia. (BOCANEGRA YÁNEZ, 1999).

Telescopio del Observatorio de Madrid construido por William Herschel

Telescopio del Observatorio de Madrid construido por William Herschel. Fuente: Tomado de Astronomía y Navegación en el siglo XVIII, Manuel Sellés, Ediciones Akal (1992).

Si bien es cierto que, en el siglo XVIII, la ciencia española no realizó mayores aportes a la física, como veremos más adelante, esto no significa que no hubo ningún aporte digno de ser reseñado. Por lo tanto, para estudiar la física o filosofía experimental en España en el siglo XVIII es menester estudiar cómo España incorporó y adaptó las ideas de la nueva filosofía experimental en sus programas de enseñanzas en las universidades, observatorios astronómicos, academias de guardamarina y otras instituciones (como las sociedades patrióticas). En otras palabras, se debe estudiar la transmisión y apropiación de las ideas y conceptos científicos desarrollados en los centros europeos de creación del conocimiento en las ciencias físicas (Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda, y, en menor grado, Italia) durante los siglos XVII y XVIII, y esto, pienso, no se puede hacer a cabalidad sin tener un conocimiento previo del estado de la cultura y la sociedad española en el siglo XVIII. Es por esta razón que los recursos del programa guía presentado en este trabajo contiene una selección de lecturas y charlas sobre la cultura y la sociedad española en el Setecientos.

Como durante este siglo hubo en España una gran actividad en la construcción civil y naval, para tener una compresión global de la época, es también conveniente conocer sobre este esfuerzo ingenieril. Hay un trabajo (El Siglo de las luces: de la ingeniería a la nueva navegación, Vol. 1 y 2) realizado en la década pasada (trabajo al cual no hemos accedido) que detalla la ciencia, la técnica y las relaciones de poder de todo este esfuerzo. Para tener una idea de los temas tratados en estos dos volúmenes, vale la pena leer la reseña (Técnica e Ingeniería en España. El Siglo de Luces) que hizo María Isabel Vicente Maroto.

En el siglo XVIII, las “teorías newtonianas comenzaron a ser conocidas del gran público español gracias a la difusión que Benito Jerónimo Feijóo [1676-1764, ensayista y escritor benedictino español] emprendió en sus Cartas Eruditas  [cinco volúmenes publicados entre 1742 y 1760]. Pero Feijoo no fue el primero ni el único en conocer las obras de Newton.” El Padre Martín Sarmiento (1695-1792) es el primer español que cita textualmente al Principia de Newton (“Antes de que Voltaire hubiese publicado sus Lettres Anglaises ou Philosophiques (1734) ya Sarmiento .. había leído y estudiado [al Principia]” (SANTOS PUERTO, 1997)). Como lo mencionamos al inicio de este trabajo la universidad española fue muy reacia para aceptar las ideas de Copérnico y Newton prefiriendo la física aristotélica, por esto, la adopción de las nuevas ideas en la filosofía experimental en España no ocurre en las universidades sino en otras instituciones (academias militares, observatorios de la marina, sociedades patrióticas y las instituciones que éstas crearon).

¿Por qué la mentalidad o espíritu experimentador asociado con la filosofía experimental no arraigó en la sociedad de la España Ilustrada?

El temor a la censura debió ser una de las razones la cual, curiosamente, no es mencionada por Feijoo en una respuesta que da en una de sus Cartas Eruditas titulada: “Causas del atraso que se padece en España en orden a las Ciencias Naturales”, en la cual comienza diciendo (FEIJOO, 1744):

(1) Muy señor mío: A vuelta de las expresiones de sentimiento que Vmd. hace en la suya de los cortos, y lentos progresos, que en nuestra España logran la Física, y Matemática, aun después que los Extranjeros en tantos libros nos presentan las grandes luces, que han adquirido en estas Ciencias; me insinúa un deseo curioso de saber la causa de este atraso literario de nuestra Nación, suponiendo que yo habré hecho algunas reflexiones sobre esta materia. Es así que las he hecho, y con franqueza manifestaré a Vmd. lo que ellas me han descubierto. 

(2) No es una sola, señor mío la causa de los cortísimos progresos de los Españoles en las Facultades expresadas, sino muchas; y tales, que aunque cada una por sí sola haría poco daño, el complejo de todas forman un obstáculo casi absolutamente invencible.

Y, a continuación, pasa a enumerar varias causas:

  • “La primera es el corto alcance de algunos de nuestros Profesores. Hay una especie de ignorantes perdurables, precisados a saber siempre poco, no por otra razón, sino porque piensan que no hay más que saber que aquello poco que saben.”
  • “La segunda causa es la preocupación, que reina en España contra toda novedad.”
  • “La tercera causa es el errado concepto de que cuanto nos presentan los nuevos Filósofos, se reduce a unas curiosidades inútiles. Esta nota prescinde de verdad, o falsedad.”
  • “La cuarta causa es la diminuta, o falsa noción, que tienen acá muchos de la Filosofía Moderna, junta con la bien, o mal fundada preocupación contra Descartes. Ignoran casi enteramente lo que es la nueva Filosofía; y cuanto se comprehende [sic] debajo de este nombre, juzgan que es parto de Descartes. Como tengan, pues, formada una siniestra idea de este Filósofo, derraman este mal concepto sobre toda la Física Moderna.”
  • “La quinta causa es un celo, pío sí, pero indiscreto, y mal fundado: un vano temor de que las doctrinas nuevas, en materia de Filosofía, traigan algún perjuicio a la Religión.”
  • “La sexta, y última causa es la emulación (acaso se le podría dar peor nombre), ya personal, ya Nacional, ya faccionaria. Si Vmd. examinase los corazones de algunos, y no pocos de los que declaman contra la nueva Filosofía, o generalmente, por decirlo mejor, contra toda literatura, distinta de aquella común, que ellos estudiaron en el Aula, hallaría en ellos unos efectos bien distintos de aquellos, que suenan en sus labios. Oyeseles reprobarla, o ya como inútil, o ya como peligrosa. No es esto lo que pasa allá dentro. No la desprecian, o aborrecen; la envidian. No les desplace aquella literatura, sino el sujeto, que brilla con ella.”

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La física del siglo XVIII español incluye al continente americano

Durante el siglo XVIII grandes extensiones del continente americano formaban parte del imperio español, y, por tanto, una visión de la física en España en este siglo que solo incluya los desarrollos peninsulares es, no solo incompleta, sino que además no creo que se pueda hacer ya que las contribuciones más importantes de España a la filosofía experimental (física) ocurrieron desde el continente americano como será explicado a continuación.

La cuestión de la figura de la Tierra: Las expediciones científicas y la colaboración internacional en la ciencia

Measure of the earthEl siglo XVIII se caracterizó por ser el siglo de las expediciones científicas europeas: inglesas, francesas, rusas y españolas. Los españoles impulsaron expediciones científicas con objetivos marítimos, cartográficos (delimitación de fronteras) e hidrográficos, para hacer reconocimientos de la Naturaleza americana, y expediciones astronómicas y geodésicas. En todas estas expediciones los objetivos económicos, comerciales y políticos siempre fueron también considerados.  Una relación de las expediciones españolas se puede leer en el trabajo, Las expediciones científicas españolas en el siglo XVIII (PUIG-SAMPER , 2011) y una bibliografía sobre estas expediciones se puede consultar aquí. Por otra parte, Wikipedia tiene una entrada (European and American voyages of scientific exploration) en donde se puede leer una relación de las otras expediciones europeas. La cooperación internacional científica también se inicia en este siglo con la expedición franco-española (1735-1744) a la Audiencia de Quito, Virreinato del Perú (hoy, República del Ecuador) para dirimir la controversia sobre la figura de la Tierra. ¿A cuál controversia nos referimos?

¿Cómo un melón o una patilla/sandía? ¿Cuál es la forma de la Tierra?Izquierda: Esferoide oblado; Derecha: Esferoide prolado. Fuente Wolfram Mathworld.

¿Cómo un melón o una patilla/sandía? ¿Cuál es la forma de la Tierra? Izquierda: Esferoide oblado; Derecha: Esferoide prolado. Fuente: Wolfram Mathworld.

Estamos hablando de una controversia con varios aspectos. Un lado científico – con implicaciones políticas y económicas– acerca de dos teorías sobre el Universo que compitieron entre sí: la teoría de los vórtices de Descartes expuesta en su libro Principia Philosophiae de 1644 (GARBER, 1992, p. 184) y la teoría de la gravitación de Isaac Newton presentada en su tratado Philosophiae Naturalis Principia Mathematica de 1687. En la teoría de Descartes se postulaba la hipótesis de la existencia de un éter fluido material giratorio (un gran vórtice) que impulsaba a los planetas y según esa teoría la figura de la Tierra era igual a la de un huevo, es decir, abultada en los polos y achatada en el ecuador (en lenguaje matemático, la Tierra era un esferoide prolado). Pero, según la teoría de la gravitación de Newton, la Tierra debido a su rotación debía tener la forma contraria–como de hecho lo es– abultada en el ecuador y achatada en los polos (en lenguaje matemático la figura de la Tierra es un esferoide oblado). La implicaciones político-económicas residen en que la forma de la Tierra afecta la determinación de la latitud y la longitud y, por tanto, influye de forma importante en la navegación oceánica que era el medio de transporte utilizado por las potencias europeas para el comercio internacional y el control político-militar del mundo del siglo XVIII.

El otro aspecto de la controversia no tiene que ver con las ideas científicas en sí sino con el hecho de que a estas ideas científicas le fueron adjudicadas sentimientos nacionalistas. Entonces, no solo estaban en juego dos ideas científicas sino el prestigio de los franceses y de los ingleses y de sus instituciones: la Academia de Ciencias de París y la Royal Society de Londres. Para complicar más el asunto, la Academia de Ciencias de Francia por medio de Giovanni Domenico Cassini (y luego su hijo Jacques) a la sazón director del Observatorio de París había hecho medidas geodésicas entre 1683 y 1718 cuyos resultados apoyaban la idea de Descartes sobre la figura de la Tierra. Pero no todos en Francia apoyaban las ideas de Descartes. En ese país había un debate intenso entre los cartesianos y un grupo muy influyente de newtonistas, entre ellos, algunos extranjeros como Euler y Bernoulli, miembros del Academia de Ciencias de París y otros franceses como Maupertuis, Clairaut, La Condamine, y Voltaire. ¿Y qué papel juega España en esta controversia?

Bueno, realmente ninguno, excepto que los franceses para dirimir la controversia habían planificado dos expediciones una hacia el norte, hacia el polo, en Laponia, Escandinavia, dirigida por Pierre Louis Maupertuis (1698-1759) – acompañado con el científico sueco Ander Celcius (1701-1744) – (1736) y, otra, la de Godin (1736) hacia el ecuador, ambas con el objetivo de medir la longitud del arco de meridiano correspondiente un grado (con vértice en el centro de la Tierra) en la vecindad del polo y la otra en la cercanía del ecuador.

Como se sabía muy poco de las tierras en el ecuador africano, la solución obvia era ir a los dominios españoles en el continente americano. La elección del Virreinato del Perú se debió a que era el único lugar accesible cerca del ecuador terrestre y con una gran ciudad (Quito) en la cercanía. Pero para llegar hasta allá se necesitaba primero tener permiso de tránsito de los españoles.

España aceptó con la condición de enviar su propia expedición. Ahora, debido a la precaria institucionalización civil de la ciencia en España no había científicos de la talla de los franceses. Los españoles entonces miraron hacia la Armada, y de la Academia de Cadetes de Guardiamarinas de Cádiz, sacaron a dos jóvenes oficiales Jorge Juan y Antonio Ulloa que aunque no eran doctores eran, “al menos <<inteligentes en matemáticas y astronomía>> y , sobre todo, disciplinados, diligentes y capaces de ejecutar órdenes (LAFUENTE y MAZUECOS, 1987). España se interesó en la expedición no por razones científicas sino político-económicas relacionados, por una parte, con la reforma borbónica de las instituciones de España y dos, mantener una cierta vigilancia sobre los franceses para que no intentaran establescer relaciones comerciales con los criollos en Quito.

Por parte española, los intereses de Estado, y en particular el empeño del secretario de Marina e Indias, José Patiño, porque se concurriera a esta empresa son inicialmente exclusivos, es decir, ajenos a la polémica científica sobre la figura de la Tierra. La participación de los dos jóvenes marinos se plantea como un proyecto de tradición y modernidad a la vez, por las confluencias de preocupaciones distintas: las del Consejo de Indias y las del ministro. (LAFUENTE y MAZUECOS, 1987; p. 304)

La Expedición Geodésica hispano-francesa quedó conformada por Charles Marie de La Condamine (1735-1744), Louis Godin (1704-1760) y  Pierre Bouguer (1698-1758) por Francia, y Jorge Juan (1713-1773) y Antonio Ulloa (1716-1775) por España. Los detalles científicos y políticos de la expedición se pueden leer en varias de las referencias presentadas (LAFUENTE, 1983; LAFUENTE y MAZUECOS, 1987; FERREIRO, 2011; GONZÁLEZ DE POSADA, 2005).

El resultado para los franceses fue un fracaso, la pugna entre los científicos franceses y eventualidades que se sucedieron retrasaron la expedición y, mientras tanto, la expedición a Laponia fue exitosa y con solo tomar las medidas en la cercanía del polo y comparar con otras tomadas en la misma Francia se llegó a la conclusión que Newton estaba en lo cierto y que la forma de la Tierra s un esferoide oblato. Los datos de la expedición a Quito producidos mucho después de los de la expedición de Maupertuis solo validaron lo que ya se sabía que Newton tenía razón.

Jorge Juan Peru

Para España hubo más ganancias, los dos jóvenes marinos adquirieron grandes experiencias con los franceses. Jorge Juan se convirtió en un gran newtoneista, difusor de las ideas de Newton en España, su reputación como científico fue reconocida al haber sido nombrado como miembro (Fellow) de la Royal Society.  Ulloa descubrió el platino a su regreso del Perú fue nombrado miembro de la Real Academia de las Ciencias de Suecia, la Academia Prusiana de las Ciencias  y correspondiente de la Real Academia de Ciencias de París, no siguió una carrera científica sino que continuó con su carrera militar en la Armada(fue gobernador de Lousiana, 1766-1768). España obtuvo varios estudios cartográficos y naturalistas desde el Perú actual hasta Chile, y las ideas de Newton se difundieron en el Virreinato del Perú. Gonzalez de Posada resume algunas de las ganancias para España:

Primero, y fundamental. El aprendizaje científico experimental y teórico de Juan y Ulloa, colocados al primer nivel europeo. Estuvieron casi diez años en Perú realizando mediciones geodésicas, observaciones astronómicas, etc., en relación directa con auténticas figuras de la ciencia europea del momento.

Segundo. La ordenación de cálculos y apuntes en Madrid, en un ambiente político de especial consideración por la presencia en el poder del Marqués de la Ensenada, para preparar la edición de sus obras. Sus libros: las Observaciones y la Relación Histórica, constituyeron obras de relieve en el panorama de la cultura europea del siglo XVIII alcanzando notable difusión. Las Observaciones fueron traducidas al alemán (1751), francés (1752), inglés (1758, 60, 72, 1806, 1807) y holandés (1771). De la Relación histórica se hicieron ediciones en francés (1752, Ámsterdam y París) e inglés (1772).

 Tercero. Jorge Juan abandonaría la usual condición de ‘marino’ para desempeñar funciones múltiples basadas en sus conocimientos científicos y técnicos y en su gran capacidad intelectual y dotes de gobierno. Ulloa regresó a la condición de marino, por encima e independientemente de sus cargos de relieve, y concluyó como tal, y siendo tal, su vida en la actual San Fernando…

Cuarto. La Universidad de San Marcos de Lima disfrutó de Godin, 1744-48, como profesor de Matemáticas y Astronomía. Posteriormente la Academia de Guardias Marinas de Cádiz y la Asamblea Amistosa Literaria (GONZÁLEZ DE POSADA, 2005).

En España (con cierto retraso), al igual que en muchos otros países europeos, las teorías newtonianas solo fueron completamente aceptadas después de que las mediciones de Maupertius  y las realizadas por La Condamine en la Expedición Geodésica hispano-francesa resolvieron la controversia sobre la figura de la Tierra.

La importancia de Venus para la Física del siglo XVIII

Tránsito de Venus, 2004

Tránsito de Venus, 2004

También tenemos otra expedición importante para la física: la expedición franco-española de 1769 a San José del Cabo en Baja California para observar el Tránsito de Venus (es decir, el paso de Venus por el Sol). Por Francia participó el astrónomo Jean-Baptiste Chappe d’Auteroche (1722–1769) y Jean Pauly, ingeniero y geógrafo del rey de Francia y por España participaron los astrónomos y guardamarinas españoles Vicente de Doz (1734-1781) y Salvador de Medina  (1725-1769). (ANDERSON, 2012; LAFUENTE, 1983).

1865404 Venus discovered sun¿Por qué era importante observar el tránsito de Venus? La teoría heliocéntrica de Copérnico, las leyes de Kepler y la Teoría de la Gravitación de Newton, junto con la observación astronómica permitía tener una idea de la forma del sistema solar con el Sol en el centro y los planetas entonces conocidos (Mercurio, Venus, Marte, Jupiter y Saturno – Urano fue descubierto por William Hershel en 1781,  y Neptuno fue descubierto por Urban Le Verrier en 1846) girando en órbitas elípticas alrededor del Sol. ¿Pero cuáles eran las distancias entre los planetas, y, en particular, cuál era la distancia entre la Tierra y el Sol?

En el año de 1716, el astrónomo Edmond Halley (1656-1742) se había dado cuenta de que los tránsitos de Venus podían ser utilizados para medir con precisión la distancia de la Tierra al Sol utilizando para ello el método del paralaje y haciendo uso de las leyes de Kepler. Observar el tránsito de Venus era un problema experimental crucial para conocer un parámetro importante de nuestro sistema solar: la distancia de la Tierra al Sol.  La historia de los tránsitos de Venus es contada por Daniel Hudon el su artículo A (Not So) Brief History of the Transits of Venus, (JRASC, Febrero, 2004). La explicación matemática del método desarrollado por Halley se puede leer en el trabajo de Arkan Simaan, The transit of Venus across de Sun, (Physics Education, 39(3), 2004).

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Los aportes de España a las ciencias físicas en el siglo XVIII

A criterio de quien escribe, los aportes más importantes de España a las ciencias físicas durante el siglo XVIII fueron el descubrimiento de varios metales: el platino por Antonio de Ulloa en el Ecuador (1748), durante la mencionada Expedición Geodésica franco-española al Virreinato del Perú, y los descubrimientos en Nueva España (hoy, México) del Tungsteno (1783) por Fausto Elhuyar, y del Vanadio (1801) por Andrés Manuel del Río y, luego está, la expedición político-científica (1789-1794) de Alejandro Malaespina (1754-1810), una actividad que fue planificada y organizada en la metropoli desde el Observatorio de la Marina de Cádiz (fundado en 1753).

Esta expedición es en sí misma un hecho importante para la historia de la ciencia española por los resultados que produjo en las ciencias naturales. En el caso de la física, el acontecimiento más relevante de la expedición reside en el hecho de que durante su estadía en Montevideo, Uruguay, la expedición montó un observatorio provisional para determinar la longitud de Montevideo, y el 5-11-1789 observaron el tránsito de Mercurio por el Sol (GLICK, 1989, p. 56).

La importancia de estos datos experimentales radica en que en 1854, el astrónomo francés, Urban Le Verrier (1811-1877), conocido por haber postulado la existencia del planeta Neptuno, usando todos los datos experimentales disponibles sobre el tránsito de Mercurio (de 1697 a 1848), incluyendo los datos de la expedición de Malaspina, encontró ciertas anomalías en la órbita de Mercurio (LE VERRIER, 1843) las cuales solo pudieron ser explicadas en el siglo XX por la Teoría de la Relatividad General de Einstein (1915).

Tables_for_facilitating_the_calculations_of_nautical_astronomyDentro de las aplicaciones de la física realizadas por españoles está el método del Haversine (1787) y las tablas de astronomía náuticas desarrolladas por el astrónomo y matemático español José de Mendoza y Ríos (1761-1816), miembro de la Royal Society (elegido el 11 de abril de 1793), para facilitar los cálculos de la latitud y la longitud en alta mar (WARING,– Cambridge Digital Library, sin fecha). Sus libros – “Tratado de navegación” (1787) y “Colección de tablas para varios usos de la navegación” (1800) donde hace viable el método de las distancias lunares para determinar la longitud– fueron traducidos al inglés y al francés. Por su trabajo en astronomía náutica recibió un premio de £1200 del Board of Longitud de Inglaterra. Sus tablas náuticas fueron de uso común en la armada británica.

El termómetro barométrico de Caldas

Otro aporte a la filosofía experimental digno de mencionar es el método termométrico desarrollado por Francisco José de Caldas (1768-1816), en la Nueva Granada, para medir las alturas de las montañas usando el punto de ebullición del agua el cual formó parte de sus estudios meteorológicos. ( “Si la descripción o construcción de un termómetro barométrico o hipsómetro se acepta como invención, Caldas también es inventor de uno”, ALBIS GONZALEZ, Víctor y MARTÍNEZ-CHAVANZ, Regino, 2000).

Difusión de la filosofía experimental en la América hispana y en la periferia europea

De la fond lafond electriciteComo se puede observar por el ejemplo de Caldas, se hace necesario incluir también una sección de lecturas sobre la física en la América hispana en el siglo XVIII (básicamente, Nueva España, Nueva Granada, Quito y la Provincia de Venezuela) para considerar no solo los aportes de España a las ciencias físicas realizados desde las tierras americanas sino también para estudiar cómo se difundieron en las colonias americanas las ideas del Principia de Newton y las teorías de la física y la electricidad expuestas por el Jean-Antoine Nollet (1700–1770) (conocido como el Abate Nollet) y su discípulo Signaud de Lafond (1730-1810) en sus libros Traité de l’électricité (LAFOND, 1771) y Description et usage d’un cabinet de physique expérimentale (2 volúmenes) (LAFOND, 1784).

La colección de libro raros de la Biblioteca Nacional de Venezuela tiene un libro en español escrito para explicar en el idioma de Cervantes las teorías de la electricidad de De Lafond y Nollet, titulado: Cartas físico-matemáticas de Theodosio á Eugenio…. (para el nombre completo y otros detalles ver abajo en fuentes primarias).

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También hay otro hecho que se debe resaltar y es la construcción de instrumentos en la América hispana para hacer experimentos. Por ejemplo, en la Provincia de Venezuela tenemos el caso de Carlos del Pozo y Sucre y los instrumentos eléctricos que fabricó en Calabozo, y, en Nueva España, tenemos el caso de José Antonio Alzate (1737-1799) quien, según refiere M.A. Moreno Corral y E. Luna, en su trabajo, Origen de la construcción de instrumentos ópticos en México (Revista Mexicana de la Física E 57 (1) 96-1001, junio 2011), puede ser considerado el primer fabricante de instrumentos ópticos (telescopios) en América.

Asimismo, no pareciera conveniente estudiar la física o filosofía experimental en la España del siglo XVIII en forma aislada, es decir, sin conocer cuáles y cómo fueron los desarrollos en la filosofía experimental (incluyendo aquellas que hoy consideramos parte de la física más las ideas que hoy clasificamos bajo el nombre de filosofía) que ocurrieron durante el Setecientos en los países del norte de Europa (Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda) y comparar estos desarrollos con los que ocurrieron en España y otros países europeos de la periferia (Portugal y Grecia, por ejemplo) y por esto se incluye en el programa algunas lecturas relacionadas con este aspecto bajo el subtítulo “Ciencia en el siglo XVIII (Europa)”.

En este texto se han esbozado los aspectos principales que se deben conocer para entender la historia de la filosofía experimental (física) en la España del Setecientos. Las referencias aportadas en la sección de abajo (Recursos para un Programa Guía) pueden ser utilizadas para conformar un programa particular de estudio que contemple las lecturas necesarias para comprender el periodo histórico y otras que se ajuste a los intereses personales del estudiante, permitiendo, por ejemplo, enfocarse en algunos de los hechos históricos de esta gran épica sobre la adopción de la ideas científicas de la Ilustración en la España del Setecientos.

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RECURSOS PARA UN PROGRAMA GUÍA

(Pulsar el enlace para acceder al los recursos)

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Referencias

ALBIS GONZALEZ, Victor y MARTÍNEZ-CHAVANZ, Regino, Las investigaciones meteorológicas de Caldas. Meteorol. Colomb. 2:131-140, 2000.

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BETTS, Jonathan, John Harrison (1693-1776) and Lt. Cdr Rupert T. Gould R.N. (1890-1948), 2006. http://www.rmg.co.uk/explore/astronomy-and-time/time-facts/harrison

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EAMON; William, Science as a Hunt, Physis Rivista Internazionale  di Storia dela Scienza, Vol. XXXI, Nuova Serie, Fasc. 2.,1994. La misma idea es también presentada en el blog del Prof. Eamon: http://williameamon.com/?p=703

FEIJOO, Benito Jerónimo, Causas del atraso que se padece en España
en orden a las Ciencias Naturales, Cartas Eruditas y Curiosas, Tomo II, Carta XVI, 1744. http://filosofia.org/bjf/bjfc216.htm

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GLICK, Thomas, Imperio y dependencia científica en el siglo XVIII español e inglés: la provisión de los instrumentos científicos, en PESET, J. L. (ed.). Ciencia, Vida y Espacio en Iberoamérica. Madrid, CSIC., vol. 3, pp. 49-63. (http://bit.ly/1cNoMxT se puede leer parcialmente en Google Books).

GONZÁLEZ DE POSADA, Francisco, La expedición geodésica al virreinato del Perú: Jorge Juan y Antonio de Ulloa. Mediciones y cálculo de un arco de meridiano asociado a un grado en el Ecuador, 2005.

Texto preparado con motivo de las conferencias dictadas en el Ateneo de Cádiz (el 24 de enero de 2005) y en la Cátedra «Jorge Juan» (Universidade da Coruña-Ministerio de Defensa) de Ferrol (el 3 de noviembre de 2005). http://ruc.udc.es/bitstream/2183/9022/1/CC94art1.pdf

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SOBRE EL AUTOR: José G. Álvarez Cornett ( @Chegoyo en Twitter )

Miembro de COENER, del grupo “Physics and Mathematics for Biomedical Consortium“, y de la American Physical Society (APS). Representante de los Egresados ante el Consejo de Escuela de Física, Facultad de Ciencias, UCV.

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