Sobre cómo Antonio Sanmartí me ayudó a conocer a Robert Greenleaf y su ética de servicio

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ENSAYO
José Álvarez Cornett
(@chegoyo en Twitter)
CARACAS (infoCIUDADANO)
23/Abril/2015

Una versión de este trabajo
fue publicada en
infoCiudadano.com el 22/noviembre/2012.
Ahora se publica en Chegoyo.com
con cambios menores.
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These are not books, lumps of lifeless paper, but minds alive on the shelves. From each of them goes out its own voice, as inaudible as the streams of sounds conveyed day and night by electric waves beyond the range of our physical hearing; and just as the touch of a button on our set will fill the room with music, so by taking down one of these volumes and opening it, once can call into range the far distant voice in time and space, and hear it speaking to us, mind to mind, heart to heart.” Gilbert Highet

Es mi lucha:
inmerso en la nostalgia. 
vago a través de los días.
Entonces, grande y fuerte,
penetro en la vida,
se acodan mil raíces en mí, 
para madurar con el dolor
más allá de ella misma,
¡hacia la eternidad!  

Es mi luchaRainer María Rilke

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Curucuteando libros

La gente dice que el perro es el mejor amigo del hombre. Los perros me gustan, llegaron a mi casa aún antes de yo nacer. Pero considero que los libros son los mejores amigos del hombre. Estos panas, que llegaron un poco tarde a mi vida, me acompañarán hasta la tumba. En mi caso, además, y como espero mostrarte, los libros han sido mis mejores tutores. Nací en un hogar con una biblioteca con a lo sumo siete u ocho libros. A ver, haciendo memoria: una biblia, un diccionario Larousse, un diccionario español-inglés-español, un libro sobre salud y medicina, un vademécum, Venezuela Heróica de Eduardo Blanco, y un manual para tocar cuatro, y con el diario El Nacional todas las mañanas en la puerta. Vivíamos en Artigas, quinta Mi Cachita. Hoy, la casa sobrevive, en una Artigas tallerizada (llena de talleres mecánicos), y ya nada es igual.

Los libros en casa aumentaban a medida que iba estudiando. La mayoría eran mis libros de texto pero a estos se sumaron varias enciclopedias que mi mamá, Aura Marina, compró: la Salvat, una enciclopedia sobre animales, plantas, y minerales en cuatro tomos y otra que aún conservo: La Historia Universal de Jaques Pirenne en diez tomos. Una vez hice una relación de los libros que había leído antes de cumplir los veintiún años, sin incluir a los libros de texto, y no llegaban a veinte.  La mitad eran novelas de Agatha Christie donde protagonizaba Hércules Poirot, las otras, donde los protagonistas eran personajes como Miss Marple, no me gustaban. Ya de mayor tuve que aplicarme con la lectura y hacerlo de adulto no es fácil, mejor es empezar de niño. Pero en mi caso, no fue así.

Kyra Kyralina

Cierto, inicialmente fueron muy pocos libros. Pero, curiosamente, entre estos casi veinte libros hubo tres que fueron los que abrieron el gusto por la lectura, y que estoy seguro son unos libros que la mayoría de los venezolanos nunca han leído, se trata de tres libros que forman parte de Las Memorias de Adrian Zograffi — los relatos de un joven enamorado de oriente, como yo añosmás tarde lo estaría de China—, escritas por el escritor rumano Panait Istrati, llamado por Romain Rolland el Gorki de los Balcanes.

Al señor Antonio Sanmartí, librero español (y que Dios lo tenga en su Gloria), dueño de la Librería Sur, ubicado en el demolido Centro Comercial Atlántico en la Avenida San Martín, le doy infinitas gracias por haber puesto estos libros de Istrati en mis manos, con el consejo, dado a gritos desde el mostrador (yo me disponía a tomar un bestseller de la estantería en frente a la caja): “!No, hijo, no lea esa basura de libro, véngase comigo!” Dicho esto, me llevó al fondo de la librería y me puso en las manos un libro: Kyra Kyralina, de Panait Istrati. Léa esto que yo sé que le va a gustar. Porque esto si que es literatura, y, si le gusta (fecha de compra, 7 agosto de 1974; precio 4,50 Bs.), vendrá por estos otros dos (Codine y Mijail, mes de compra, diciembre 1974; precio, cada uno, 4,00 Bs. Todos los tres libros son traducciones del Instituto Cubano del Libro).

Istrati es mi pana, pero el hombre escribió en francés. Nunca conseguí en español los otros títulos de la serie como el Pescador de Esponjas. Hoy tengo en casa toda la colección de Las Memorias de Adrian Zograffi en francés (Le jeunesse d’Adrien Zograffi) y parte de mi proyecto de vida, antes de partir, incluye leerlos. Pero, claro, primero tengo que aprender francés. Oh là là!

Demás esta decir, que hoy los libros me fascinan y adoro pasearme por las estanterías de las bibliotecas curucuteandolibros. Esta palabra curucutear me gusta más que hojear, porque en las bibliotecas yo me siento como turista caminando por un bazar en Estanbul, aunque, a veces, también me siento como un visitante entre las mesas de un algún café de Montparnasse (en la década de 1920).

Por eso voy muy poco a las bibliotecas públicas o universitarias venezolanas porque en ellas los libros son presidiarios y curucutear está prohibido. Solo se permite una visita (verlos) previo llenado de un papelito donde hay que indicar lo que se busca para que alguien vaya por uno y se lo traiga. Compensaba la falta de bibliotecas decentes y civilizadas en Caracas con visitas esporádicas a Libroria, pero, en estos tiempos mal huracanados por la impolítica (im, tomado prestado de implosión), ya ni eso se puede ahora hacer. Me da mucha pena que los libreros esten desapareciendo.

Mi libro favorito sobre libros es de Henry Petroski, The Book on the Bookshelves. Petroski, ingeniero civil, y profesor de ingeniería e historia en Duke University, es un autor prolífico— me fascinan sus otros libros sobre ingeniería como, Engineering is Human, que yo sepa ninguno de sus libros tienen traducción al español. Podrán notar que leo poco en español y, bueno, así ha sido mi realidad.

Fuente: Foto de Noel Joyeux.

Fuente: Foto de Noel Joyeux.

Este amor por los libros se lo debo en gran parte a la Biblioteca Pública de Berkeley, California que le permite a los usuarios pasearse por las estanterías de sus cuatro pisos y sacar grandes cantidades de libros (¡hoy en día, con una tarjeta de usuario de la biblioteca se pueden tener en casa simultáneamente hasta 50 libros!). Pasé cuatro años de mi vida,” on Blake Street, muy cerca de esta biblioteca. ¡La adoro!

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BITOR

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Sin embargo, la historia que les quiero contar sobre cómo conocí a Robert Greenleaf tiene su origen en un viaje por los pasillos de una biblioteca empresarial. Tenía un poco más un año de haber regresado de una estadía de tres años en Beijing, China y hacía unas consultorías como intérprete intercultural (que no es traducción) para BITOR, una filial de PDVSA que hoy en día ya no existe, asistiendo en las negociaciones con una empresa china de petróleo. Conocer sobre cultura china, modos de ser de los asiáticos y tener experiencia en exploración petrolera ayudaban mucho en mi trabajo.

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Siempre contando de izquierda a derecha. No tengo los nombres de todos en mi memoria. Yo estoy de tercero, en la última fila,y a mi izquierda está el ingeniero petrolero, Alfonso Riasco. En la foto también está el Dr. Wang Ru He, el segundo en la fila del medio, y a su lado el geólogo Antonio Santos. En la misma fila, el tercero contando desde la derecha es el geólogo senior, el prof. Xue Pei Hua, y a su lado está el ingeniero químico Rudolf (Rudy) Schneider.

Mi encuentro con The Living Company

Hoy me da risa y hasta un poco de pena decirlo, aunque no debería, ¡son tantas las cosas que uno no conoce!, pero un día, mientras caminaba por los pasillos de la modesta biblioteca de Bitor buscando información sobre el mercado asiático de energía eléctrica para un reporte interno que estaba escribiendo, de pronto, mi mirada se tropezó con una revista, Harvard Business Review (HBR), que para 1997 era una publicación totalmente desconocida para mí.

Intrigado, tomé el último ejemplar de la estantería, mire adentro y, de súbito, el título de uno de los artículos se guindó de mis ojos, decía: The Living Company (título que fue traducido al español como La empresa viviente) de Aire de Gus, adentro indicaba que para el momento de publicación del artículo, Aire de Geus, su autor, ya se había jubilado como jefe de planificación estratégica de la empresa petrolera Royal Dutch/Shell de Londres. Ser jefe de planificación estratégica de Shell no es cualquier cosa. Eso también llamó mi atención.

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Resulta que yo tengo una cierta querencia, o mejor, una nostalgia querendona por Shell. Gran parte de mi formación profesional la recibí en Maraven S.A., antigua filial de PDVSA, una empresa que antes de la nacionalización petrolera era Shell de Venezuela.

Mi primer jefe, Jean-Louis Teurlai, geofísico jefe, era personal de Shell asignado a Maraven según unos convenios de asistencia tecnológica (CAT) efectuados después de la nacionalización. Por otra parte, como parte de esos mismos CAT,  yo recibí muchas semanas de cursos en el Centro de Entrenamiento Leeuwenhorst de Shell ubicado en el pueblo de Noordwijkerhout, Holanda (familiarmente llamado, el convento, ya que las instalaciones pertenecieron a un monasterio y las habitaciones eran las celdas de los monjes. Hoy en día, creo, que ya no lo es. El nuevo Shell Learning Center está en Rijswijk).

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Con el grupo de entrenamiento Shell E&P (Exploration & Production) en el sur de Francia haciendo geología de campo en Provenza.

Uno de mis entrenamientos incluyó a mi primera salida para hacer geología de campo con el grupo de entrenamiento E&P de Shell en un viaje desde centro de entrenamiento hasta el aeropuerto Schipol, y de allí por avión hasta el sur de Francia, a un sitio sin igual para mí, ¡Provenza! — es difícil explicar con el lenguaje, que funciona en forma lineal, la simultaneidad de sensaciones de esas miles de cosas que pasan al unísono por la mente de una persona en un instante dado.

Porque, parado yo allí en ese pasillo, entre las estanterías de la biblioteca de Bitor, con la revista HBR en la mano, sigilosamente me llegaron ecos de los pasillos de la biblioteca pública de Berkeley, mis recuerdos de Shell, del viaje a Provenza, de las ciudades de Avignon y Aix-en-Provence, que son muy especiales para mí, porque fue en la biblioteca de Berkeley en donde descubrí el Quinteto de Avignon (The Avignon Quintet: Monsieur, Livia, Constance, Sebastian, Quinx) de un grande de la literatura inglesa, Lawrence Durrell. Este quinteto, que no es de música sino de libros, son cinco libros ambientados en Provenza. No quiero extenderme en una cascada de relaciones, pero Durell— yo lo llamo, Larry, como lo hacen sus amigos— es un escritor muy especial, tiene un sitio preferente en mi biblioteca, ya que está conectado con su Cuarteto de Alejandría (The Alexandria Quartet: Justine, Bathazar, Mountolive, Clea) y con otros autores y artistas muy queridos: Henry Miller, Anaïs Nin y sus queridos diarios (descubrí sus diarios de adolescente en la biblioteca de Berkeley), el fotógrafo Brassaï, Gerald Durell, hermano de Larry y sus libros sobre animales y sobre su propia familia, y muchos otros más. Gente que me llevó a visitar Montparnasse en la década de 1920, y eso no tiene precio.

Todo esto guindaba de mis ojos en una millonésima de segundo.

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Le saque copia al artículo y me lo lleve a casa. Leyendo el artículo me di cuenta de que había un libro del autor con el mismo título que el artículo, y de allí derivó una de mis primeras compras en Amazon a fines de 1997.

Este libro, The Living Company, ha sido mi gran tutor, no solo por su contenido, donde se presentan los resultados de un estudio sobre empresas longevas, definidas en el libro como aquellas que tienen más de 200 años de actividad en el mercado y que son tan importantes en su área de desempeño como lo es Shell en la suya, y donde se proponen varias conclusiones sobre el significado de una empresa viviente: aquellas que usan las herramientas de la prospectiva para aprender, que son muy sensible a su entorno, y se adaptan rápidamente a los cambios para poder sobrevivir, que son tolerantes y conservadoras en las finanzas, y todo esto para llegar a ser muy longevas— la mortalidad de las empresas es alta, y mueren prematuramente luego de 40 a 50 años de existencia. El grupo Sumitomo fue fundado por Riemon Soga en el año 1590, y, por ejemplo, Stora ha vivido entre nosotros desde el año 1288; hace un poco se “casó” con Enso, y ahora se llama StoraEnso.

Si Ud. que lee es empresario debe, no leer, sino estudiar, The Living Company, y si Ud. es un político o un ciudadano de a pie, también recomiendo que se lo lea. Las empresas son una de las mejores formas que existen de transformar a la sociedad. Las empresas son ubicuas, muchas grandes y muy poderosas, más que muchos estados, y están globalizadas, si las empresas obran bien y con ética de servicio pueden cambiar el entorno y hacer mucho bien en la sociedad.

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Art Kleiner: La era de los heréticos

No voy a relatar aquí el contenido del libro de Arie de Geus. Inmersos en este texto hay varios enlaces al artículo y partes del libro, así que si les provoca, pueden curucutear dentro de ellos.

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Decía que The Living Company ha sido un gran tutor en mi vida. Leyendo sus páginas me enteré del trabajo de Art Kleiner, The Age of the Heretics: Heroes, Outlaws and the Forerunners of Corporate Change (mi edición es de mayo 1996, y el libro ya tiene una nueva edición; creo que no existe traducción al español). Este libro de Kleiner me llevó a conocer a Herman Khan — y a la Corporación RAND y los escenarios de guerra termonuclear, Kurt Lewin — y la experiencia de los National Training Laboratories, semillero de ideas de la disciplina de desarrollo organizacional, a Jay Forrester—fundador de System Dynamics en el MIT,—  Willis Harman y el método de escenarios y del Stanford Research Institute.

En sus páginas, escuché en diferido a Pierre Wack, y su arte de scenario planning, describiendo ante el comité de directores (Committee of Managing Directors) de Shell en 1972, de hecho narrándoles un cuento, con los diferentes escenarios, entre ellos el A2, donde ya intuía una crisis energética, y la potencial alza de los precios petroleros. En 1973, Shell fue la única empresa de las Siete Hermanas en estar preparada para el shock en los precios petroleros. Ver, The man who saw the future). De aquí nació mi pasión por estudiar prospectiva. Si te interesa saber más sobre este tema, Shell mantiene una página web sobre escenarios.

Breve inciso

Quien escribe ha abogado por la enseñanza de la Prospectiva en las carreras científicas como un marco intelectual específico para integrar perspectivas humanísticas, sociales y multidisciplinarias en el currículo de las licenciaturas en ciencias (siendo quien escribe un egresado en Física, solo desarrollé el caso de la enseñanza de la prospectiva para los estudios en Física.)

La Prospectiva (llamada en inglés Foresight) es un programa educacional transdisciplinario que busca mejorar la capacidad de anticipar, crear y gerenciar el cambio en diversas áreas (social, tecnocientífica, medioambiental, económica, política y valores), y sobre varias escalas (personales, organizacionales, sociales, globales) por medio de un conjunto de metodologías, prácticas y herramientas conceptuales que permiten pensar sobre las implicaciones futuras de hechos ocurridos o por ocurrir, de las decisiones por tomar, y/o acciones a ejecutar.

Uno de los mayores descubrimientos de la era moderna y postmoderna es que lo que creemos que vemos es en realidad un proceso activo que depende en gran medida del tipo de “mapa” del mundo que adoptamos y de los “filtros” orgánicos o naturales y sociales que matizan o colorean nuestras percepciones: los filtros naturales—es decir, fisiológicos— un ejemplo es la subjetividad del color; no toda la gente sana y normal percibe los colores iguales (ver aquí el mismo artículo en inglés y un video del programa de la BBC) —, y los filtros sociales— lo que resulta de la interacción entre la cultura, la educación y las teorías a las que hemos sido expuestos, y las que hemos aceptado.

Ahora bien, el “mapa del mundo”, o nuestra visión del mundo (worldview), ese punto alto desde donde observamos todas las cosas que nos rodea, viene también coloreado por la imagen privada del futuro que todos tenemos, y está comprobado que esa imagen privada del futuro que cada persona tiene— sus expectativas sobre el futuro — da forma a sus procesos mentales de toma de decisiones (The Future-Focused Role-Image, Benjamin Singer, en Learning for Tomorrow: The Role of the Future in Education).

Es pues importante que conozcamos nuestros “filtros” y sesgos personales y tener una visión o perspectiva del mundo que sea cónsona con los objetivos a lograr, y es esto lo que me motivó a sugerir a incluir a la Prospectiva en el currículo de la Licenciatura en Física.

En este delicioso libro de Art Kleiner escuché por primera vez el nombre de Buckminster Fuller —, y., también, me enteré quien era el gran Warren Bennis (fue profesor en USC—University of Southern California, mi segunda alma mater –la primera es la UCV– en  donde hice un MBA; lamentablemente Warren Bennis falleció en el 31 de julio del 2014) y fui testigo en diferido de la forma maestra sobre como, en su función como rector de la Universidad de Cincinnati, manejó toda una serie de conflictos, y de como se lució con su Open Hours en donde Bennis regularmente abría su oficina rectoral a todo el campus para discusiones cara a cara, actuando no como el rector que era, sino como un Ombudsman de todo el campus. Hoy sus libros pueblan mi biblioteca, y tengo un particular afecto por su libro, Organizing Genius: The Secrets of Creative Collaboration.

Peter Schwartz y Joseph Jaworski

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De la mano de Arie de Geus y su Living Company conocí a Peter Schwartz (y su opus introductorio de 1991 al scenario planningThe Art of Long View, libro sin traducción al español). Peter Schwartz después de graduarse en Aeronáutica en el Rensselaer Polytechnic Institute (cuya actual rectora es una de mis heroínas de la ciencia) y de tener varios trabajos, terminó siendo parte del grupo de Willis Harman en el Stanford Research Institute (que luego pasó a llamarse SRI International) y llegó a ser director del Strategic Environment Center de esa entidad, de donde fue reclutado por Shell, para sustituir a Pierre Wack como jefe del Grupo de Scenario Planning cuando éste se jubiló de Shell, y bajo su dirección (1982-1986) el método de escenarios (Scenario Planning) obtuvo éxitos importantes dentro de Shell como el haber predicho el colapso de la Unión Soviética varios años antes de que ocurriera.

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Guiado por Aire de Geus conocí también sobre Joseph Jaworski y su libro Synchronicity (hay traducción, Sincronicidad, Paidos 2005, pero noten que un libro que fue publicado en 1998 por Harvard Business Press, solo fue traducido al español en el 2005). Jaworski es un autor muy querido, me ha enseñado mucho. De ser un famoso abogado litigante, y criador de caballos, paso a ser un importante agente de cambio en los Estados Unidos con la fundación del American Leadership Forum (organización que aún funciona), que lo catapultó directamente hasta Shell en Londres, para ocupar la jefatura del Scenario Planning Group que había dejado Peter Schwartz. Jaworski publicó un libro en el 2012 que es altamente recomendable: Source: The Inner Path of Knowledge Creation.

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Robert Greenleaf y Servant Leadership

Escribir sobre todo lo que me ha enseñado Jaworski me llevaría a escribir un artículo casi tan largo como este. No lo voy hacer, solo comentare el aspecto más importante en relación con esta historia. En su libro, Sincronicidad, Joseph Jaworski aboga por la aplicación de los principios éticos del liderazgo servidor (Servant Leadership). Fue por medio de Jaworski que me enteré quien era Robert Greenleaf (1904–1990) y de cómo llegó Greenleaf a desarrollar los principios de Servant Leadership, esto es, del líder como un agente de servicio (the leader as a servant), basado en sus 30 años de experiencia laboral en AT&T e inspirado por la lectura del libro de Herman HesseJourney to the East (Viaje al Oriente).

Así fue como Jaworski me presentó a Robert Greenleaf:

A few weeks later, as I was reading everything I could find on the subject of leadership, I received a pamphlet in the mail with a simple essay inside written by Robert Greenleaf. It was a thin little pamphlet, only thirty-seven pages long, with a burnt orange cover, entitled The Servant as Leader. I wish I could remember who sent it to me because I owe that person an eternal debt of gratitude. The moment I saw the words “Servant as Leader,” they had an enormous impact on me. The very notion of servant leadership was absolutely stunning to me, and I couldn’t put it out of my mind. It was as if someone had suddenly cleansed my lens of perception, enabling me to understand what I had been struggling with for so long; at the same time, it was as if a memory of long ago was being reawakened. With his words,Greenleaf took me by the hand and opened a pathway for me to territory I’m still experiencing to this day, some nineteen years later.

Greenleaf attributed the idea of servant leadership to Herman Hesse’s book Journey to the East. The narrator of the story is on a journey with a band of men, looking for enlightenment (a journey probably intended to symbolize Hesse’s own, Greenleaf pointed out). Leo is the servant who does the group’s menial chores, but who also sustains them with his presence, his spirit, and his song. The journey lasts for years, and all goes well through all kinds of travail until Leo disappears. The group finds they cannot make it without Leo. They fall into disarray, they become lost, and the narrator almost dies. After years of wandering, the narrator finally finds Leo and is taken to the order that sponsored the journey. There, Greenleaf says, he discovers that Leo, whom he had first known as servant, was actually the head of the order, its guiding spirit, a great and noble leader. Leo, by the quality of the inner life that was expressed by his presence, had served to lift the group up and make their journey possible.

In this essay, Greenleaf takes a fundamental stand and sets forth a new framework through which we can understand the underlying dynamics of leadership. The essence of leadership, says Greenleaf, is the desire to serve one another and to serve something beyond ourselves, a higher purpose. In our traditional way of thinking, “servant leadership” sounds like an oxymoron. But in a world of relationships, where relatedness is the organizing principle of the universe, it makes perfect sense. In that orientation, servant leadership seems like a very potent and natural way to think about leadership. This, I began to realize, was a critical piece to the puzzle I had been struggling with for so long.

Robert K. Greenleaf

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 Nació en Terre Haute, Indiana en 1904. Estudió en Carleton College en Minnesota. Allí le pasó algo muy interesante. Una vez, en un semestre, el joven Robert Greenleaf se inscribió en una clase del Dr. Oscar Helming sobre la Sociología de los Problemas Laborales en donde, un día, en una de las clases, estamos en 1926, Helming le dijo a sus estudiantes: La sociedad está cada vez más dominada por organizaciones grandes: de negocios, industriales, gubernamentales etc. si Uds. quieren cambiar la sociedad entren a trabajar en ellas y hagan el cambio desde adentro.

Robert Greenleaf escuchó el mensaje y, en vez de continuar estudiando, y hacer postgrado etc., buscó la empresa más grande donde podía trabajar que era en ese entonces AT&T y pronto se unió a ella como empleado de reparación de postes eléctricos, desde donde progresó hasta ocupar posiciones gerenciales y de consultoría interna en AT&T. La cita completa, en inglés, de lo que dijo el profesor en clase, según recuerda Greenleaf es esta:

One day, in the course of a rambling lecture, he [Oscar Helming] made a statement like this: “We are becoming a nation of large institutions…. Everything is getting big — government, churches, businesses, labor unions, universities — and  none of these institutions are serving well, either the people whom they set up to serve or the people who staff them to render services. Now, you can do as I do:  stand outside and suggest, encourage, try to bring pressure on them to do better. But nothing happens, nothing changes, until somebody who is stablished inside with his hands on the levers of power and influence, and who know how to change things, decides to respond. These institutions can be bludgeoned, coerced, threatened from the outside. But they can only be changed from the inside by somebody who knows how to do it and who wants to do it. Some of you folks ought to make your careers inside these institutions and become the ones who respond to the idea that they could be better.

Por los siguientes 40 años Greenleaf trabajó, investigó sobre gerencia, desarrollo personal, y educación dentro de AT&T. Pero en algún momento sintió que el estilo de liderazgo autoritario de entonces en las instituciones estadounidenses no estaban funcionado, optó por una jubilación temprana de AT&T y en 1964 fundó el Center for Applied Ethics (Centro de Ética Aplicada, que hoy después de su muerte se llama Greenleaf Center for Servant Leadership).

9780809102204Robert Greenleaf tiene una decena de libros publicados (pero lamentablemente no hay nada publicado en español). El libro principal de Greenleaf es Servant Leadership que contiene una serie de ensayos incluyendo el artículo seminal, The Servant as a Leader. Este es el ensayo en donde por primera vez Robert Greenleaf plantea la idea de servant leadership. Este artículo es el primer capítulo del libro Servant Leadership, pero en los años 70s este ensayo circulaba impreso solo como un panfleto titulado: The Servant as a Leader.

Cuando quise saber más sobre Robert Greenleaf, él ya no vivía entre nosotros así que me tuve que apoyar en una excelente biografía de su vida: Robert K. Greenleaf: A life of servant leadership de Don Frick con un prólogo de Peter Senge.

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SerBien:
O tener una perspectiva holística de servicio y bienestar 

A Venezuela le hace falta mucho la aplicación de los principios éticos que en vida promovió Robert Greenleaf. No es un secreto que en Venezuela los principios éticos están por el suelo. Un caso emblemático de hace más de un año fue el caso de la estudiante de 5to año de un liceo en Maracay que fue envenenada -raticida en su almuerzo- por sus compañeras de clase debido a la envidia que le tenían por ser una buena estudiante. Vivimos en una sociedad en donde los valores y la educación han colapsado.

Venezuela necesita desarrollar una sociedad de bienestar y buen vivir, plural, diversa, democrática, y de oportunidades para todos. Es mi filosofía personal de vida considerar a las organizaciones como fábricas de bienestar (aunque muchas veces las instituciones en la práctica no lo sean, potencialmente siempre lo son), es decir, entes que sirven a todos los stakeholders: a los miembros que la constituyen y las demás personas o entes involucrados o tocados por las actividades de la institución.

El estudio y la reflexión sobre los trabajos de Robert Greenleaf me llevó a acuñar el acrónimo SerBien (servicio y bienestar) como una forma de presentarle a la sociedad venezolana los principios éticos-filosóficos de servicio (servant leadership) de Robert Greenleaf. El concepto de servicio elimina muchos de los problemas de la sociedad. Cuando se sirve, el foco reside en la persona o entidad a la que sirve. Las empresas sirven a sus clientes, a sus empleados, a sus accionistas, a la sociedad, al planeta Tierra. Producen bienes y servicios y también bienestar. SerBien. Las universidades sirven a sus estudiantes, a sus empleados, a la sociedad, educan y producen conocimiento y también bienestar. SerBien. Las instituciones sirven al ciudadano, a la región, a la nación, al medio ambiente y al mundo. Administran bienes y servicios, y también los producen, y crean las condiciones para crear un mayor bienestar colectivo. SerBien.

Mi amigo, Aire de Geus, también me presentó al sicólogo y filósofo William Stern, pero Stern escribió en alemán y no hay traducción de sus libros. Pero, en el 2010 salió un libro que espero un día poder leer, William Stern (1871-1938): A Brief Introduction to His Life and Works de James T. LamiellSegún Arie de Geus, Stern fue una de las primeras personas en considerar a las instituciones como entidades vivientes.

El concepto del líder como alguien que sirve (the leader as a servant), donde líder es cualquiera de nosotros, una ama de casa es una líder, un chichero puede ser un líder. En la ética de servicio de Robert Greenleaf ser líder no necesariamente implica una posición de autoridad o de mando, sino una actitud y un obrar en servicio a los demás. Se es líder porque se sirve a otros.

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Librero servidor, Antonio Sanmartí, dueño de la Librería Sur, en el Centro Comercial Atlántico en la Av. San Martín. Foto tomada el 2 de mayo del 2001, en una exposición de bonsai en el Centro de Arte la Estancia, Caracas. El Centro Comercial Atlántico fue demolido para dar paso al Metro de Caracas. Esa fue la última vez que lo vi.

Encuentro y siento que los principios del liderazgo servidor y ética de servicio de Robert Greenleaf son muy poderosos, y no puedo olvidarme de que fue un librero servidor, Antonio Sanmartí quien me puso en la ruta de los libros.

Con esta narrativa personal les he presentado a Robert Greenleaf. Ahora, solo queda revisar con mayor detenimiento sus propuestas de liderazgo servidor (servant leadership) para la gente, las instituciones y la sociedad, pero ello deberá esperar por un próximo ensayo.

Aus basta!

Nota final: Las librerías están muriendo, vale la pena leerse este artículo: La librería como acto de resistencia.

 

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SOBRE EL AUTOR: José G. Álvarez Cornett ( @Chegoyo en Twitter )

Miembro de COENER, del grupo “Physics and Mathematics for Biomedical Consortium“, y de la American Physical Society (APS). Representante de los Egresados ante el Consejo de Escuela de Física, Facultad de Ciencias, UCV.

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