Sin visión de país estamos arando en el mar

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ENSAYO
José Álvarez Cornett
(@chegoyo en Twitter)
CARACAS 
28/Diciembre/2014

Originalmente publicado en
Citizens News Agency
citizensnewsagency.com
el 18/02/2010

vision arar en el mar

Trato en este ensayo un tema que va más allá de lo urgente e inmediato. Me refiero a nuestro destino como nación. La unidad electoral es necesaria y obligatoria dadas las circunstancias del presente momento político y de las leyes electorales recientemente promulgadas.

Pero hay una unidad que considero más fundamental e importante para Venezuela. Una unidad que debemos trabajar desde abajo y en paralelo con la electoral. Me refiero a lograr entre todos una visión compartida de la Venezuela posible. Pero hay dificultades fundamentales para lograr esta visión. Me propongo explicar estas dificultades y presentar de forma general el mecanismo para lograr entre todos una visión país para Venezuela en el Siglo XXI.

Somos Antihistóricos

La primera dificultad es que los venezolanos no conocemos nuestra verdadera historia, no sabemos quiénes somos, ni de dónde venimos y, por supuesto, tampoco sabemos a dónde vamos. Somos un pueblo antihistórico que no ha sabido asimilar e internalizar su verdadera historia. La historia en Venezuela no sólo no se conoce, sino que, lo poco que de ella se sabe, está mitificada y falsificada para ser usada como una herramienta ideológica.

Y, no sólo me refiero a la manipulación de la historia que hace el gobierno actual, la mitificación y falsificación de la historia se viene haciendo en Venezuela desde los tiempos de Antonio Guzmán Blanco. Como no hay una visión compartida de un futuro posible, los venezolanos a veces caminamos como pueblo en direcciones opuestas y, otras veces, caminamos juntos en el tiempo pero aleatoriamente en el espacio. Pero, así, compatriotas, no se puede construir un país de prosperidad. Imagínense la construcción de un edificio en dónde cuando un obrero pega un ladrillo otro se lo despega. Sin una visión de país posible estamos condenados a arar en el mar.

Estamos divididos y fracturados

Además de ser un pueblo antihistórico, estamos divididos y fracturados. Esta es la segunda gran dificultad. La división de la que hablo no es la que Uds. piensan, la típica:Oposición Vs. Gobierno. No. Me refiero a una fragmentación más básica o medular la cual tiene su propia historia y varios aspectos:

(1) La división actual tiene sus raíces en esa historia. La primera fractura fue la que ocurrió en el universo autóctono indígena con la llegada de los españoles. ¿Qué es lo que irrumpe? Las armas, los gérmenes, nuevos animales, hombres barbudos con otro color de piel (aquí, es bueno resaltar que esos hombres barbudos son, al igual que los indios, descendientes de una tribu africana que hace unos 75 mil años salió de África a colonizar el globo terráqueo.O sea, que el encuentro fue un encuentro entre primos, lejanos en el tiempo, pero primos), una religión, y una lengua extraña: el español. La violencia que viene con ellos también engendró niños que no eran blancos ni indios sino mestizos. Otra interrupción es la de los modos de vida y pensar de los conquistadores que al llegar desconfiaban de todo, que tenían un idioma que no les servía para comunicarse con los moradores de esta tierra de gracia, y que ellos mismos, pasadas pocas décadas, ya no eran las mismas personas que llegaron de España, habiendo sido ellos inevitablemente transformados por la tierra que quisieron conquistar. Otra interrupción, nos dice, José Balza, en su ensayo Pensar a Venezuela, “acaece en medio del proceso de aceptación y choque que realizan los anteriores grupos humanos: la aparición del africano, que también ha sido obligado a fragmentar su milenario modo de existir.“

Otra gran interrupción: La guerra de Independencia (1811-1821). Ella irrumpe en dos aspectos, el socioeconómico y el espiritual. En el primer caso, nos dice Arturo Uslar Pietri, “[h]ubo un orden colonial, con virtudes y defectos, durante el cual Venezuela se hizo y en el cual se formaron los hombres que hicieron la Independencia. Ese orden entró en sorda pugna con la sociedad que se había formado en su seno. La Independencia fue la ruptura violenta de ese orden, y la historia posterior no ha sido, en cierto modo, sino el proceso, muchas veces doloroso y muchas veces grandioso, de establecer un nuevo orden… La Independencia precipita y extiende el proceso social venezolano. Fueron cerca de quince años de guerra durante las cuales todas las viejas formas rudimentarias de organización quedaron afectadas. El marco social se desvaneció…

Ya para 1814, la destrucción debió haber sido apocalíptica, Ana Teresa Torres en su ensayo, La Herencia de la Tribu, cita a el Libertador y un asesor de la Intendencia de Venezuela quienes describen los efectos de la guerra en 1814 (notar que todavía faltan siete años más de guerra). El primero escribe:“Una devastación universal ejercida con el último rigor ha hecho desaparecer del suelo de Venezuela la obra de tres siglos de cultura, de ilustración y de industria. Todo ha sido anonadado.” Mientras que el segundo recuenta: “Esta no es una exageración, es una verdad que la he palpado con bastante dolor. Yo he quedado sorprendido al ver los caminos y los campos cubiertos de cadáveres insepultos, abrasadas las poblaciones, familias enteras que ya no existen sino en la memoria”.

La Independencia no sólo fue destrucción también fue, en palabras de Uslar Pietri,“un vasto e ilimitado mecanismo de igualación. Con la movilidad social creció la movilidad geográfica. La guerra mezcló en muchas formas a los hijos de todas las regiones. Los reclutamientos, las migraciones, en masa, las persecuciones, llevaron gentes, normalmente sedentarias, a moverse sin tregua a lo largo y a lo ancho del país…” La división actual del país en una clase dominante y un país marginal (ver Carlos Zubillaga), entre chavismo y antichavismo tienen sus orígenes en todas estas historias de ruptura.

Hago un breve inciso para mencionar que la Guerra Federal (1858-1863) solo termina de completar la destrucción de la sociedad. Escribe Uslar Pietri que durante los cinco años que duró esta guerra,”el impulso de la igualación social llegó a límites extremos. Se persiguió no sólo a los ricos o a los propietarios rurales sino hasta, en ocasiones, a los blancos o a los que sabían leer y escribir como detentores de injustos privilegios…Toda forma de organización estable y hasta el mismo sentimiento de pertenecer a una colectividad, a una clase o a un grupo desapareció para dejar el puesto a un individualismo salvaje y agresivo.”, Individualismo que aún perdura en nuestro días.

Continua Uslar Pietri: La única forma de solidaridad que emergió de ese largo naufragio de las instituciones antiguas y nuevas fue el vínculo primitivo y simple de dependencia y adhesión personal que unía a los hombres con su jefe. Todo el país se cubrió de una red mal atada de núcleos grandes y pequeños de paternalismo caudillista. El orden social era el predominio de un caudillo y la única actividad de ascenso era la guerra. Individualismo, igualitarismo y azar fueron los factores predominantes en la vida del venezolano en ese largo tiempo. En una situación semejante que ponía tan poco precio y fruto en el trabajo, el ahorro o el estudio y que todo lo confiaba al azar aventurero y a la violencia no podía haber ni crecimiento económico ni progreso social.

El rompimiento con lo espiritual motivado por la Independencia tiene su origen en el hecho que la religión católica fue lo que dio coherencia y pinceladas de unidad a la sociedad venezolana durante el período de finales del siglo XV hasta principios del XIX . En Pensar a Venezuela, José Balza, escribe: “La imposición religiosa ocurrida durante tres siglos alcanza su exacerbación y su cenit con la guerra de independencia. Después de ella ni Dios ni la religión volverán a ser lo mismo entre nosotros. La divinidad circulaba dentro de los estratos de la población como una parte de nuestro ser. Pero aunque los patriotas no dejan de ser cristianos, contra ellos el poder económico levantará una acusación insalvable en aquellos años: han traicionado la fe, por tanto son satánicos.”

Me permito recordarles que los tribunales de la Santa Inquisición estuvieron vigentes en Venezuela desde 1611 a 1817 y que para la época el poder real estaba identificado con el poder divino. Esto es, se pensaba que los poderes de los reyes venían de Dios. “Al destruir el país que existía” nos dice Balza, “la guerra se lleva el eje mas coherente de la sociedad. Dios ha sido asesinado. Gradualmente, quien lo ha exterminado [los próceres y en particular el Libertador] comenzará a ocupar su lugar…Próximo y humanizado, perfecto y vidente, el héroe encarna el grado tolerable de la divinidad. Y desde entonces así ha permanecido para el país.”

“Sólo que a medida que transcurren los siglos un efecto paradójico parece envolverlo: si bien con su fantasma de héroe puede representar nuestro mas sólido rasgo de continuidad, de coherencia, está condenado a ser nuestro pasado, a petrificarse en una fe que lo impone como algo inalterable… Lo que parecía mas firme’¿Dios?’ también fue desplazado. Interrumpir condujo a un nuevo comienzo. El héroe aparece como inamovible en su pasado, pero su huella en la vitalidad cotidiana nos impone la ley de lo que no debe continuar. Necesitamos recomenzar siempre, desarticulados bajo la sombra de esta paradoja.” De aquí nos viene el culto al héroe y la religión bolivariana que hoy nos gobierna.

(2) El otro aspecto de la fragmentación en nuestra sociedad moderna ocurre porque nuestro individualismo personal también se transforma en un individualismo corporativo e institucional (allí están los partidos políticos y sus dificultades para ceder posiciones en aras del bien común).

No existe conectividad entre nuestras escuelas, empresas, universidades, gremios, urbanizaciones, barrios y vecindarios, partidos políticos, municipios, alcaldías, gobernaciones, gobierno central, iglesias, organizaciones no gubernamentales, y los poderes y servicios públicos. Cada ente actúa por separado como si estuvieran contenidos en grandes silos aislados del mundo exterior. Cada organización u organismo cree en su verdad, y, se supone, intenta hacer lo mejor posible, pero solos, aislados y por su cuenta.

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¿Pero qué nos une?

Si no existiese un tejido que nos uniera hace tiempo que nos hubiésemos desperdigado por el mundo, disuelto en otras razas y en otros pueblos. Pero la verdad es que aquí estamos.

¿Por qué? ¿Qué factores nos une? Sin duda una geografía, un clima y como nos dice José Balza, en “Pensar a Venezuela”, también “[se] trata de una forma de unidad social que sostiene desde el habla hasta la familia, desde la sexualidad y percepción del paisaje, los engranajes económicos y religiosos hasta el amor y la alimentación. Un magma paralelo a las leyes y los ministerios, a las noticias y a las ideologías. Algo que emerge desde las sombras de la más remota tradición indígena, negra o blanca y va reflejándose en todas las instancias de la sociedad para nutrirse de sus voces, costumbres, intimidades e imaginaciones.”

Entre todas estas rupturas, hay un hilo conductor, que nos une, el de la creatividad de nuestro pueblo, la cual según Balza, viene circulando entre nosotros “como una gran corriente dianoética que atraviesa la región desde sus orígenes: en su capacidad para practicar la ciencia, el arte, la sabiduría, la inteligencia. En suma en su creación intelectiva.”

“Otra Venezuela surge entonces, porque en esta visión no se desecha ni lo histórico ni el mal político, pero los acepta como un elemento más de nuestra realidad, toda la cual puede ser comprendida desde el pensamiento, desde la creatividad personal o colectiva. Sin omitir la percepción crítica. Hay, y bastaría un mínimo deseo de acercamiento a ella para reconocerla, una formidable corriente creadora, coherente y diversa, con distintos grados de madurez y profundidad, pero siempre apta para reflejar lo recóndito, lo determinante de nuestras fuerzas más duraderas, una corriente que surge desde las energías remotas, adquiere cuerpo con la integración de sangres de 1492 y va, simultáneamente, imitando sus orígenes, cambiándolos, adaptándolos a modos de conducta con los siglos.Aceptemos de una buena vez nuestra mezcla de sangres y nuestra infinita capacidad creadora.

Hacia una visión de país

Para recomponernos como sociedad civilizada, como nación, rehabilitar nuestra democracia, para renacer cual ave fénix, necesitamos tener una visión de país compartida por las grandes mayorías y articulada para todos en una simple frase. Los sudafricanos tiene la suya: “The Rainbow Nation” (La Nación ARCO IRIS). Una frase que resume para los sudafricanos un cuerpo de ideas de importancia para su destino como nación.

Para alcanzar la visión país de una Venezuela posible debemos incluir la participación de mucha gente, de muchos grupos, de todos los estratos sociales. Existen formas y metodologías de creación del espíritu de comunidad, de generación de estructuras de pertenencia que permiten que, paso a  paso,  se creen los espacios de tiempo y lugar adecuados para la generación de visiones de un futuro alternativo posible. Una visión de país auténtica, emergente requiere la participación de las mayoría. El proceso es lento, requiere de una gran voluntad política y ciudadana y se construye con mucho esfuerzo y el empleo de tiempo, gente y recursos materiales y espirituales.

Ahora bien, dado el enfoque o visión de corto plazo de nuestros partidos políticos, el proceso de generación de una visión país no es algo que en principio interese o vaya a ser iniciado y/o promovido por los partidos. Solo los CIUDADANOS organizados pueden generar iniciativas de este tipo.

Claro está, la visión país sin la participación de los políticos es, por supuesto, irrealizable. Pero si los ciudadanos tienen éxito en su empeño, los partidos terminarían sumándose a la iniciativa. Claro, tener una visión de la Venezuela posible no es suficiente, que esa visión sea compartida por grandes mayorías tampoco es suficiente. Hay que saberla ejecutar bien. Y para eso están los políticos y sus partidos, ellos tendrían que comprometerse a cumplir con los lineamientos generales de la visión país. Es claro que sus ejecuciones de la visión tendrán variaciones dependiendo de cuales sean los partidos y políticos que la ejecuten, pero estas desviaciones serían solo matices de un mismo gran tema: el rumbo designado por la visión país.

Los ciudadanos reunidos en pequeños y grandes grupos, ciudadanos dialogando con otros ciudadanos, usando nuevas tecnologías sociales para la creación de comunidades y generación de futuros alternativos, y empleado nuevas formas de pensar pueden estrechar y crear nuevos vínculos en el tejido social venezolano y mejorar la calidad de las relaciones y la cohesión entre sus miembros. Esto es, incrementar el capital social y los niveles de confianza de la sociedad. Los ciudadanos conversando y dialogando sobre las potencialidades y las posibilidades que el Siglo XXI nos ofrece, tenemos el poder de hacer la diferencia y de cambiar el curso del país hacia un futuro alternativo de bienestar para todos.

Los ciudadanos podemos crear esta visión de un futuro alternativo para Venezuela. Pero, para poder lograr esta inmensa e importante tarea, debemos hacer un cambio de paradigma en nuestra forma de pensar. Todas las transformaciones ocurren por medio del lenguaje. De forma que sobre que hablamos y como lo hacemos tiene una gran importancia. Al reunirnos para conversar sobre un futuro alternativo que sea sustancialmente mejor que el actual, no una simple mejora, debemos de dejar de hablar sobre los problemas actuales y pasar a pensar en las posibilidades de un futuro alternativo para Venezuela. Preguntarse, por ejemplo, cómo y que hacer con nuestros dones, capacidades, y con nuestra creatividad.

Lo esencial para crear un futuro alternativo es que los ciudadanos, mejoren los vínculos entre ellos, y estén constantemente enfocados sobre el bienestar de toda la sociedad y dialoguen entre si sobre las potencialidades de las cosas que podemos obtener, producir, y crear con nuestra capacidades intelectivas. Es decir, nuestras conversaciones deben de versar menos sobre los problemas de la comunidad y más sobre las posibilidades generadoras de comunidad. Albert Einstein ya nos lo dijo: “No podemos resolver los problemas usando el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando estos se crearon.” Si soy parte de una comunidad, pertenezco a ella y, al mismo tiempo, la comunidad me pertenece. Si estoy inmerso en una comunidad, no me sentiré aislado, fracturado, y desconectado de mi entorno. También me sentiré tan propietario de su futuro como mi vecino, y, por ser codueño, igualmente me sentiré responsable por la suerte de mi entorno social—en una comunidad no hay ‘ninis’.

En mí percepción, lo que la gente ansía es: COMUNIDAD. Sentirse parte de un proyecto país, saberse parte de algo más grande que ellos mismos, un proyecto que nos permita renacer como nación. Un proyecto que genere emoción. Pero, no un proyecto impuesto desde arriba, sino un proyecto cuyas ideas básicas se generan desde abajo por grandes grupos humanos de todos los intereses, vida social y actividad. Un proyecto visión país realizable que haga vibrar nuestra fibra nacional, que honre a los que nos antecedieron y lo hicieron bien y que nos haga sentir orgullosos de ser venezolanos.

¡ Ciudadano, el futuro está en tus manos !

Coda: sin memoria no hay futuro posible

Pero, antes de involucrarnos en un proceso de visión país de tal magnitud, debemos familiarizarnos y sensibilizarnos con nuestro pasado con nuestro contexto. Es que si no conocemos nuestra historia no hay futuro. Ya lo dijo el arzobispo anglicano, Desmond Tutu: “Sin memoria no hay futuro posible“. No se puede cambiar lo que no se conoce. Hay procesos culturales profundos-especie de genes culturales si se quiere- del colectivo venezolano que debemos conocer. Debemos entender temas como:

  • ¿Por qué los héroes venezolanos son semidioses?
  • ¿Por qué el venezolano necesita la afirmación foránea para descubrir que algo autóctono es bueno?
  • ¿Por que el deseo de poder es tan arraigado?
  • ¿Cuáles son las razones del individualismo del venezolano?
  • ¿El por qué de nuestra fragmentación?

Y no es que las respuestas no se conozcan. Es que las grandes mayorías no las saben e incluso mucha gente educada en nuestras universidades tampoco las conocen. José Balza ha escrito sobre este tema, María Briceño Iragorry también lo ha dicho y, otros, Carlos Rangel, Uslar Pietri, Alberto Rial, y Carlos Zubillaga entre otros. Pero hasta ahora, lo escrito por ellos sigue siendo un mensaje sin destino.

Según mi poco entender (no soy un experto en historia), estos son algunos libros que considero importantes para comprender mejor nuestro pasado y presente. Los invito a leerlos.

Libros:

– “Mensaje Sin Destino” de Mario Briceño Iragorry;
– “Pensar a Venezuela” de José Balza;
– “Esta Tierra de Gracia” de Isaac J. Pardo;
– ” La Herencia de la Tribu” de Ana Teresa Torres;
– “Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario” de Carlos Rangel;
– “La Marginalidad sin tabúes ni complejos” de Carlos Zubillaga;
– “El Conquistador Español del Siglo XVI” de Rufino Blanco-Fombona
– “La Variable Independiente” de Alberto Rial; Editorial Galac;
– “La Autoestima del Venezolano” de Manuel Barroso, Editorial Galac;
– “Venezuela 1830 a Nuestros Días” de Rafael Arráiz Lucca;
– “Una Nación llamada Venezuela” de Germán Carrera Damas;
– “Fábrica de Ciudadanos” de Rafael Cartay, edición de la Fundación Bigott;
– “Geo Venezuela Vol 1¨, Edición de la Fundación Polar;
– “Venezuela: Opciones Geográficas”, de Pedro Cunill Grau;
– “GeoHistoria de la Sensibilidad en Venezuela de Pedro Cunill Grau;
– “El Laberinto de los Tres Minotauros de JM Briceño Guerrero;
–  Varios ensayos de Arturo Uslar Pietri en Medio Milenio de Venezuela y Cuarenta Ensayos ambos de Editorial Monte Ávila;
– Los ensayos sobre Venezuela de Mariano Picón Salas en su Obras Selectas.

Notaran que no menciono a Elías Pino Iturrieta. No lo hago, no porque no sepa su valor como historiador, sino porque aún no he leído sus libros. Tarea pendiente [Hoy, ya en el 2014, he leído varios libros de Elías Pino Iturrieta, y recomiendo leer: “La mentalidad venezolana de la emancipación (1810-1812)”, 3era edición, bid &co. editor, 2007  y “Fueros, civilización y ciudadanía”, UCAB, 2006].

SOBRE EL AUTOR:
José G. Álvarez Cornett (@Chegoyo en Twitter)
Miembro de COENER, del grupo “Physics and Mathematics for Biomedical Consortium“,
y de la American Physical Society (APS). Representante de los Egresados ante
el Consejo de Escuela de Física, Facultad de Ciencias, UCV.

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